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¿Cuándo es necesaria la cirugía de anginas en los niños?

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Si tu hijo presenta cuadros repetitivos de infección en la garganta, quizás su pediatra te haya sugerido extirpar las amígdalas o anginas, debido a que ya no cumplen adecuadamente con su función protectora y en cambio provocan complicaciones en su salud.

Conoce a continuación en qué momento se considera adecuada la cirugía de anginas y/o adenoides.

¿Qué son las anginas y las adenoides?

Las anginas o amígdalas palatinas, las adenoides y la amígdala lingual forman en conjunto el Anillo de Waldeyer, el cual es un tejido que produce anticuerpos y que nos protege contra infecciones a nivel de la faringe y la vía respiratoria superior.

Las amígdalas palatinas o anginas se localizan al fondo de la boca en la región de la garganta, hacia los lados y por detrás de los últimos molares y de la lengua. Las podemos comparar con una hamaca que contiene una almendra, ya que se encuentran contenidas entre dos pilares musculares. En particular, las amígdalas palatinas poseen un tejido que contiene invaginaciones o criptas, donde se producen anticuerpos. Cada vez que nos exponemos a una infección, las criptas se inflaman y pueden llenarse de secreción purulenta y aumentar su tamaño.

En ocasiones al extirpar las amígdalas también se extraen las adenoides, glándulas ubicadas en la parte superior de la faringe por detrás de la nariz y que aumentan de tamaño ante un proceso infeccioso, lo cual impide al niño respirar adecuadamente. Pueden llegar a crecer de tal manera que se obstruya el paso de aire de la nariz hacia la garganta, obligándolos a respirar por la boca y a roncar.

¿Qué pasa cuando se inflaman las anginas y adenoides?

Los niños que tienen las amígdalas y/o adenoides grandes son más propensos a roncar al dormir. Esta alteración del sueño favorece la falta de concentración durante el día, los comportamientos hiperactivos, la irritabilidad e incluso el retraso en el crecimiento, ya que la hormona dedicada a ello (hormona del crecimiento) no se produce en cantidades adecuadas porque no llegan a la fase de sueño profundo o sueño REM. Asimismo, debido a la respiración oral constante y al esfuerzo del tórax, van teniendo cambios en la presión de entrada del aire respirado con afección pulmonar y cardiaca, dando lugar a una enfermedad llamada “Cor Pulmonale”.

El oído es otro de los órganos que se afecta con gran frecuencia dando lugar a cuadros inflamatorios e infecciosos (otitis) que pueden llevar incluso a sordera permanente con efectos en el lenguaje y en el rendimiento escolar.

Debido a la respiración oral constante o muy frecuente, el desarrollo del maxilar inferior también se ve afectado, dando lugar a problemas de mordida cruzada, mandíbula retraída (micrognatia) y paladar ojival. En ocasiones, es el mismo odontólogo quien detecta y alerta a los padres que su niño no respira bien por la nariz.

Por si no fuera suficiente, al no poder circular el aire de forma adecuada a través de la nariz y la faringe, se favorece la presencia de cuadros inflamatorios e infecciosos de las fosas nasales y de los senos paranasales, a lo cual se le llama rinosinusitis crónica.

¿Entonces cuándo se deben operar las anginas?

La cirugía de amígdalas o amigdalectomía debe realizarse si el niño ha presentado:

  1. Cuadros frecuentes de infección de las amígdalas (al menos 3 cuadros en un año o 5 en dos años)
  2. Cuadros de ronquido y apnea del sueño por crecimiento de las amígdalas
  3. Cuadros infecciosos relacionados con las amígdalas: fiebre reumática, nefropatía infecciosa, bronquitis crónica
  4. Absceso periamigdalino o colección abundante de pus en la región alrededor de la amígdala
  5. Cualquier complicación infecciosa en otros órganos vitales con origen en las anginas.

La cirugía de adenoides debe realizarse si el niño ha presentado:

  1. Obstrucción nasal progresiva por crecimiento de adenoides
  2. Cuadros infecciosos adenoamigdalinos crónicos
  3. Otitis media serosa o supurada, recurrente
  4. Sordera de tipo conductivo en donde se demuestra crecimiento adenoideo
  5. Foco de infección adenoideo con consecuencias en otras regiones: rinosinusitis, amigdalitis, laringitis, bronquitis, glomerulonefritis, entre otras.

A medida que se incrementan los eventos infecciosos, el riesgo de daño progresivo y permanente es mayor. Para considerar una cirugía de amígdalas, no importa la edad del niño. Sin embargo, lo ideal es operar al niño cuando esté sin infección aguda, con el fin de permitir que tenga menos sangrado durante la cirugía y una mejor cicatrización y recuperación posteriores.

Se necesita anestesia general para poder mantener al niño completamente relajado. El tiempo de cirugía promedio es de 45 minutos y la recuperación en los niños es bastante rápida: alrededor del cuarto día después de la cirugía ya se encuentran jugando y comiendo su comida habitual; no obstante, les pedimos que estén en casa por una semana para evitar complicaciones tales como sangrado o infecciones severas.

La adenoamigdalectomía o cirugía de amígdalas y adenoides resulta un procedimiento mágico cuando es realmente necesaria. El niño sale de la sala de cirugía ventilando adecuadamente por nariz y sin la sensación de que algo extraño le estorba en la garganta para comer, hablar o respirar.

La cirugía de anginas y/o adenoides debe ser realizada por un otorrinolaringólogo cirujano pediatra.

     
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