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Cuando los hijos mandan en el hogar

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“Si no me das lo quiero… ya no te voy a querer, no voy a comer, no voy a estudiar, ya no te voy a hablar, me voy a ir de la casa”. Estas son algunas de las amenazas que nos hacen flaquear y ceder a las peticiones o berrinches de nuestros hijos.

Pero ten cuidado, porque cumplir sus caprichos por miedo a que ellos cumplan sus amenazas puede convertirlos en unos pequeños tiranos expertos en el chantaje emocional.

¿Qué es el chantaje emocional?

El chantaje emocional tiene el objetivo de lograr que las personas a la que se amenaza hagan o digan algo para evitar un sentimiento o acción negativo hacia ellos. Estos chantajes se dan a cualquier edad y se presentan en todo tipo de relaciones.

Lo importante es saber que, en la mayoría de los casos, el chantajista emocional no actúa por maldad ni con la intención de hacer daño.

Los niños aprenden desde pequeños que, si lloran, mamá hará lo imposible para que dejen de hacerlo. Es una realidad que los hijos aprenden el arte del chantaje en el mismo hogar. Cuando son pequeños, sin darnos cuenta, condicionamos constantemente sus acciones con frases como “si no te portas bien, mami ya no te va a querer”; ”si no dejas de llorar, te voy a dejar solo”; o “si sacas buenas calificaciones te compro lo quieras”. Todas estas prácticas las aprendemos desde la infancia y son difíciles de cambiar si no somos conscientes de ellas.

Pequeños tiranos

Si los hijos descubren que por medio del chantaje pueden obtener todo lo que desean, lo convertirán en una práctica común. El chantaje se hace más frecuente cuando los padres se separan o existe algún problema familiar.

El problema principal no es que se salgan con la suya cuando te piden algo, sino que después tendrán que enfrentarse a un mundo donde no siempre lograrán lo que se proponen por este medio. Cumplir sus demandas para evitar un berrinche por no dañar su autoestima o porque nos cuesta mucho verlos sufrir, puede tener consecuencias negativas a largo plazo.

Tipos de chantaje

Existen distintas formas de lograr que cedas a sus demandas y manipular la situación a su favor.

  • El que castiga. Cuando deliberadamente te dice lo que va a hacer o dejar de hacer si no haces lo que te pide, o te dice que ya no te va a querer. Te conviertes en su víctima y te hace sentir fatal.
  • El que atenta contra sí mismo. Es aquel que amenaza con hacerse daño e incluso simula que lo va hacer si no cumples sus demandas.
  • La víctima. Se siente y actúa como si sobre él cayeran todas las desgracias, utiliza frases como “siempre me regañas”, “nunca me dejas hacer nada” y pone cara de mártir hasta que logra que le pidas perdón o hagas lo que quiere.
  • El que promete. Es aquel que jura que se portará bien a cambio de lograr su objetivo o evitar un castigo. Este tipo de chantajes es muy común en los adolescentes.

¿Qué hacer para evitar el chantaje?

  • Aprende a reconocerlo. Identifica si es una conducta frecuente o sólo un berrinche pasajero, y no cedas ante esta táctica. Si flaqueas, perderás la partida y, como siempre, obtendrá lo que se propone.
  • Actúa con firmeza y seguridad. Cuando te enfrentes con un chantaje, no pierdas la calma y no te dejes llevar por los nervios. La firmeza y seguridad con que reacciones ante sus exigencias le ayudarán a su formación.
  • No entres en el juego. Explícale porque no puede hacer o darle lo desea en ese momento, o la razón por la que está castigado y no le pidas perdón ni te justifiques por tus decisiones. Si te dice que ya no te va a querer, dile que tú siempre lo harás.
  • No cedas. Hay cosas que puedes negociar con él, pero si consideras que lo que quiere es algo perjudicial o que va en contra de las reglas establecidas, no cedas y hazle saber que no está a discusión.
  • Diferencia entre lo que quiere y lo que necesita. Los niños no saben diferenciar entre lo que quieren y lo que realmente necesitan. Para eso estás tú, reconoce y hazle saber cuando se trata de una necesidad real o de un capricho, aunque se moleste al principio. Explícale la diferencia para que él aprenda a distinguir.

Aprende a poner límites

En el afán de hacerlo feliz o por el sentimiento de culpa que nos causa no poder pasar más tiempo con nuestros hijos, les permitimos muchas cosas y evitamos los castigos, cediendo nuestra autoridad de padres, lo que puede causarles confusión. De alguna manera los hijos siempre buscan límites y las confrontaciones son una manera de hacerlo. Es así como ellos descubren hasta donde pueden llegar: si no estableces límites claros puedes afectar su estabilidad emocional.

Los especialistas coinciden en que el problema es la educación permisiva de algunos padres, que posiblemente quieren evitar repetir con sus hijos las características de la educación que ellos recibieron, una educación con mano dura, muy poco permisiva y con altos grados de exigencia.

Es necesario que exista una figura de autoridad que ponga límites y que los haga responsables de enfrentar las consecuencias de sus actos.

Una educación excesivamente permisiva puede perjudicarlos en vez de beneficiarlos, ya que no fortalece su personalidad, los puede desorientar y hacerlos inseguros.

Los hijos necesitan tener unos padres, no unos amigos que dejen a un lado su autoridad permitiendo que ellos asuman el control de la situación por medio de la manipulación y el chantaje. Es nuestro apoyo, nuestra firmeza y nuestro amor lo que los ayudará a convertirse en adultos capaces de enfrentar la vida sin temores.

     
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