Educar y limitar, ¿es lo mismo?

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Lunes 30 Abril 2012 a 16:32

Cuando tu hijo empieza a participar en el mundo social, es normal que estés pendiente de cómo se desenvuelve y te des cuenta si da las gracias, saluda a los adultos, toma las cosas que no son suyas, hace berrinches, dice por favor, etc. Y si no, es probable que te cuestiones si lo has conducido con las reglas adecuadas o si es momento de evaluar tu trabajo y restablecer la estrategia.

Cómo crearlos
Identifica cuáles son los valores, deseos e incluso conflictos de crecimiento que tú tuviste. Después de que los tengas claros, analiza qué tanto de tu experiencia quieres retransmitirle y qué formas emplearás para lograrlo. Céntrate en lo positivo.

  • Recuerda que establecerlos no significa que le digas “no” todo el tiempo ni que te la pases imponiéndole castigos; más que eso, esta labor te demandará una buena dosis de autoconocimiento y que hagas una planeación profunda sobre el tipo de relación que deseas tener con tu familia. El éxito dependerá de tu disponibilidad y de la prioridad que le des a lo que es crucial para ti.

Por ejemplo: Si para ti es fundamental tratar a los demás con respeto debes empezar por darle el ejemplo y mostrar que hay congruencia entre lo que dices y haces.

  • El siguiente paso es que realices una revisión de tus actitudes y marques términos claros.

Por ejemplo: Si yo permito que otra persona me grite o abuse de mí, voy perdiendo mis propios límites y será difícil que mi hijo aprenda a no dejarse abusar por otros o por el contrario, lo use para su beneficio y se desencadene la clásica idea de que “ya te agarró la medida”.

  • Ahora ya que tienes identificadas cuáles son las cualidades que deseas transmitirle, es momento de defenderlas con autoridad. Para proyectar una imagen positiva sin que sea amenazante, lo primero es creer en la capacidad que tienes para hacer valer tu palabra y tus derechos. De nada sirve gritarle si no eres consistente o si este tipo de expresiones no forman parte de tu plan, por lo que si no sientes seguridad al darle una orden, el tono de tu voz se asemejará más a una súplica que a una instrucción, echando abajo todo lo que intentabas construir.

Ten en cuenta que este tipo de compromiso con la conducta de tu hijo es un acto de autoafirmación en el que pondrás a prueba tu capacidad para tomar decisiones y enfrentarte a la vida y que para lograr transmitirle lo que quieres, antes debes identificar qué es lo importante para ti.

     
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