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Factores que intervienen en el proceso de enseñanza de la lectura y la escritura. Primera parte

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Para que un aprendizaje se lleve a cabo satisfactoriamente, será preciso que todos los factores motrices, psíquicos y afectivos que intervienen en dicho aprendizaje, hayan alcanzado una madurez adecuada. Por consiguiente, ninguna enseñanza escolar deberá comenzar antes de haber conseguido dicha madurez, ya que supondría un esfuerzo por encima de las posibilidades reales del niño, lo cual podría producirle frustraciones, mecanismos compensatorios, así como un rechazo a las tareas escolares.

Con respecto al aprendizaje de la lectura y escritura sucede lo mismo que con los demás. Es necesario que el niño alcance una madurez, sin la cual no puede iniciar dicha actividad.

Para alcanzar el nivel suficiente de madurez lectora y gráfica, intervienen los siguientes factores:

1. Lenguaje.
2. Nivel mental.
3. Desarrollo psicomotriz.
4. Desarrollo perceptivo.
5. Factores emocionales.

Lenguaje:
Para estar en condiciones de aprender a leer debe haber dado ya el primer paso en este proceso, que es el de hablar.

Para leer, pues, es necesario que antes se haya adquirido el primer lenguaje, el oral. Cuando se quiere expresar una idea, hay que saber articular los sonidos que la hagan comprensible a los demás e, inversamente, cuando se oye una serie de sonidos articulados hay que saber captar su significado. Sin este requisito previo, no se puede aprender que a cada sonido corresponde un signo gráfico que lo representa.

Pero el lenguaje oral sigue también un proceso evolutivo, que depende directamente, por una parte, de los órganos de fonación; por otra del desarrollo intelectual y por último, de la influencia del medio socio-cultural, ya que la imitación juega un papel decisivo en su adquisición. Por tanto, una evolución lenta o una alteración en dicho desarrollo impedirá alcanzar la suficiente madurez, con las consecuencias negativas consiguientes en todos los procesos de aprendizajes en los que se participa.

Nivel mental:
La lectura y la escritura no se basan exclusivamente en un reconocimiento de formas en el espacio, sino que implican además unos procesos de generalización y de abstracción. Interviene, pues, un elemento intelectual.
Ahora bien, el niño pequeño no tiene capacidad de abstracción. En un principio su inteligencia es de tipo práctico, fundamentada en su actividad psicomotriz. Más tarde la imitación ayuda a la aparición de un pensamiento representativo. Hacia los 4 años es ya capaz de evocar y representarse acciones. A esta edad y hasta los 6 años, el pensamiento es mágico y activo, dependiendo en gran medida de su afectividad; el lenguaje le ayudará a estructurar su pensamiento con base en numerosas experiencias tanto verbales como concretas. Será necesario alcanzar el período comprendido entre los 6 y los 9 años de edad para que su inteligencia intuitiva, dependiente de una circunstancia y situación concreta, adquiera un carácter operatorio, precursor de una inteligencia lógica. Esto es una adquisición lenta.

     
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