Todos los bebés deben ser inmunizados al nacer, hasta
completar el esquema de vacunación recomendado por
la Secretaría de Salud y por su pediatra. El objetivo
de aplicar las vacunas desde el nacimiento es disminuir
el riesgo de contraer alguna enfermedad y, en caso de presentarse,
contribuir a que ataque con la menor intensidad posible
para no poner en riesgo la vida del niño, ya que
algunas enfermedades pueden causar alguna discapacidad física
o mental de por vida.
En
algunos casos, la aplicación de las vacunas puede
provocar reacciones secundarias en el bebé, como
fiebre, llanto
constante, dolor, irritabilidad y enrojecimiento en la parte
donde se aplicó la vacuna. Estas reacciones son normales
y pasajeras. Sin embargo, tú puedes ayudar a tu bebé
para que disminuyan las molestias, utilizando un antipirético
y un analgésico
suave, como Tempra
Pediátrico que ayuda a aliviar rápidamente
la fiebre y el dolor. Tempra
es de venta libre y viene en presentación de tabletas
masticables, gotas, supositorios y jarabe.
Las
vacunas otorgan protección al cuerpo contra las enfermedades
y se fabrican a partir de una dosis de los gérmenes
que producen una determinada enfermedad (virus o bacterias),
ya sean vivos, atenuados, fraccionados o inactivados.
Dichas dosis son introducidas en el organismo de las personas
— por lo general, durante la infancia — por
medio de inyecciones o gotas. De esta manera el cuerpo "cree"
que está siendo atacado, por lo que reacciona produciendo
anticuerpos específicos para el agente infeccioso
que viene en la vacuna. Estos anticuerpos formarán
parte de la memoria inmunológica de la persona, con
la que se defenderá del contagio, aunque esté
expuesta a esas enfermedades.
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