La importancia de ponerle límites a los niños

Laila Anguiano · 26 febrero, 2015

Son algunos de los pilares más importantes para la formación de cualquier niño.

Sin límites, cualquiera de las áreas de desarrollo de un niño serían un caos. Sólo imagina que tu hijo no pudiera convivir con otros niños más que a base de golpes, jalones y gritos; que no comparta, que todo lo quiera para él, que brinque por todos lados, que no observe su espacio, que se accidente constantemente, pierda las cosas, las olvide y viva regañado. O que siempre desee comer dulces, galletas, pasteles, papas y cualquier tipo de comida que no tenga el fin de nutrirlo y que su cuerpo no conozca la sensación de satisfecho.

Tu deber es...
Definitivamente los límites empiezan por los padres, quienes debemos tener siempre muy clara la línea divisoria de cada una de las situaciones que requieren de freno.

Es probable que en ocasiones no puedas seguir tus propias reglas, pero siempre sabrás cuándo frenar debido a que una parte de nuestro cerebro nos ayuda a la aplicación del juicio. Esta propiedad le corresponde al lóbulo frontal de la corteza cerebral, que a su vez se divide en derecho e izquierdo, y que en un niño termina de madurar hasta los cuatro años de edad, por lo que es indispensable que antes de este tiempo tú le enseñes a identificar las líneas divisorias y los frenos mediante una palabra: Límites.

Estos serán mejor recibidos y comprendidos por un niño si tú como adulto tienes claro que no significa gritar, regañar, castigar, amenazar ni mucho menos golpear. Recuerda que a  los niños hay que guiarlos para que puedan llevar a cabo lo que se les quiere enseñar.

Tip

  • Cuando tus hijos no deseen obedecer voluntariamente, una excelente manera de guiarlos es explicarles las consecuencias que tendrá el acto que piensan realizar. No olvides que no debes amenazarlos con situaciones irreales o que no cumplirás. Habla con ellos sólo con la verdad

Es mejor delimitar desde el principio
Una buena comunicación con tu hijo será fácil si desde que sea pequeño y comience a gatear lo orientas y le enseñas que hay límites dentro del juego, con lo que come, con el trato hacia los demás y con los cuidados de su propio cuerpo. Con esto tu hijo se irá acostumbrando a la presencia de la autoridad, observará con mayor precisión su entorno y aprenderá a medir sus movimientos y su cuerpo.

Una vez que comience a hablar, tu hijo podrá responder fácilmente  a la pregunta ¿quién lo hizo?, con un “Yo fui, mamá”, porque ya existirá entre ustedes el canal adecuado de comunicación para hablar de sus actos. Si actúas con autoridad pero con paciencia y comprensión, él actuará conforme a las reglas de la casa con verdad y justicia.

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