Es niño, no títere: disciplina inteligente

Vidal Schmill · 3 noviembre, 2015

Este test te dirá si lo estás educando súper bien.

La disciplina en la educación de tu hijo no es un tema que puedas posponer para cuando cumpla un par de años, debes establecer las bases desde ahora o correr el riesgo de empezar demasiado tarde. Es muy común asociar esta palabra con ideas e imágenes de dureza, represión, golpes y maltrato. Un ejercicio práctico es revisar qué sientes cuando alguien de tu familia te dice: “Tu hijo necesita más disciplina”. ¿A qué crees que se refiera?, ¿regaños, castigos?

Si creciste recibiendo nalgadas como parte de tus reprimendas, te lavaron la boca con jabón por decir alguna mala palabra o te encerraron para que pensaras lo que hiciste, entonces la palabra disciplina te llevará a evocar situaciones y emociones nada agradables y sin ninguna utilidad formativa. Hay personas totalmente convencidas de que gracias a que de niños los corrigieron con nalgadas, hoy son gente de bien y no sufrieron ningún trauma; pero son buenas personas porque pudieron recuperarse lo suficiente para superar el maltrato, no gracias a eso.

Encuentra el punto medio

Pero entonces, ¿cómo corregir sin llegar al maltrato físico, psicológico o emocional de tu hijo?, ¿cómo evitar irte al extremo contrario donde él se convierta en un tirano incapaz de mostrar una conducta solidaria y considerada? Disciplinar de forma inteligente es la manera de alcanzar ese punto medio tan anhelado. Empieza por saber dónde estás parada. Responde sí o no:

¿Es eficaz mi disciplina?

  1. Cuando llora, ¿de inmediato voy a atenderlo?
  2. ¿Tengo que repetir muchas veces una indicación para que mi hija (o) me haga caso?
  3. ¿Tengo que gritarle constantemente para que haga lo que le indico?
  4. ¿Cedo sobre lo que sea para que deje de llorar?
  5. ¿Ya intenté todo y sigue haciendo lo indebido?
  6. ¿Estoy teniendo problemas con mi pareja o con mi familia debido a la conducta de mi hijo?
  7. ¿Tengo que ayudarlo en cosas que de acuerdo con su edad ya podría hacer por sí mismo?
  8. ¿Se tarda en recuperar el control o incluso no lo recupera cuando se frustra?
  9. ¿Quiero que mis hijos tengan lo que yo nunca tuve?
  10. ¿En ocasiones les pego (sin lastimarlos mayormente) para corregirlos?

Si tus respuestas son afirmativas en:

  • 6 o más preguntas, te urge
  • 4 o 5 de las preguntas, el cambio es necesario.
  • 2 o 3 de las preguntas, es recomendable
  • 1 de las preguntas, vas bien.
  • 0 respuestas afirmativas, vas muy bien… o no contestaste con la verdad.

Con base en el cuestionario anterior, haz esta última pregunta: “Si continúo actuando de la misma manera con respecto a la disciplina que le doy, ¿lo ayudaré a ser más capaz y autónomo o más dependiente de mi?”. Hacer por tu hijo algo que ya debería poder hacer por sí mismo o, por el contrario, exigirle que se haga cargo de cosas que no puede de acuerdo con su edad, destruye sus aptitudes.

2 técnicas infalibles

1. Conecta y redirige. Si tu hija se despertó llorando por una pesadilla, no le des un discurso sobre el hecho de que estos sueños no son reales y sólo están en su imaginación. Mejor conéctate emocionalmente con ella, abrázala y cálmala con tu presencia, aunque sean las 3 de la mañana. Cuando observes que ha logrado calmarse, redirigiendo su atención a una posible solución: pregúntale si quiere descansar cerrando sus ojos mientras tú la acompañas un rato.

2. Nómbralo para dominarlo. Narrar la experiencia que lo asustó, entristeció, enojó o le haya producido cualquier emoción que lo haya descontrolado, le ayudará a darle sentido. Juntos póngale nombre a lo que siente tantas veces como sea necesario, así comenzará a entender y dominar sus emociones.

No sólo es corregir, también es validar

Si quieres disciplinar con inteligencia, comienza por reconocer todo lo que tu hijo hace bien de manera cotidiana y tal vez no le estás dando tanta importancia como aquello que aún no logra o hace mal. Una disciplina que sólo se base en sancionar las conductas inaceptables sin validar y reconocer sus buenas conductas, estará condenada al fracaso.

La mejor estrategia que como mamá puedes utilizar diariamente son los reconocimientos sinceros, cálidos y oportunos de lo que tu hijo hace bien. ¿Ya comienza a caminar por sí mismo? En lugar de darle advertencias como “¡Cuidado, te vas a pegar!”, felicítalo, aliéntalo y sólo supervisa que no se lastime. Valida su pequeño logro. Si ayudó a su hermano pequeño a alcanzar un juguete, refuerza la parte positiva: “Qué bien que ayudaste a tu hermanito”. Un gesto simple, sin exagerar el hecho, será suficiente.

Profundiza en el tema del temperamento de tu hijo y las técnicas para manejarlo con el artículo completo en la revista bbmundo de noviembre 2015 y con el libro Disciplina Inteligente de Vidal Schmill.

Vidal Schmill es pedagogo, especialista en Desarrollo Humano. Es director del Liceo de la Familia, dedicado a mejorar la calidad educativa. Busca sus libros en escuelaparapadres.com o contáctalo en el Twitter @escuela_padres

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