A todos nos gusta ganar, pero en cualquier actividad que implica una competencia, para que haya un ganador debe de haber, por lo menos, un perdedor. Sin embargo, la mayoría no sabemos perder y esto nos puede traer frustraciones a lo largo de nuestra vida. Por eso, en este artículo te explicamos por qué tus hijos deben aprender a perder y cómo les beneficiará a lo largo de su vida personal y profesional.

La razón de por qué tus hijos deben aprender a perder

Pareciera que los adultos hacemos todo lo posible por proteger a los niños de perder; por ejemplo: si una mamá juega con su hijo, hace todo lo posible para que el niño gane, como si perder estuviera mal. Y la realidad es que lo más importante de un juego – y de la mayoría de las situaciones de la vida – no es ganar ni perder, sino participar. Disfrutar de la actividad, de la posibilidad de compartir un juego, una lectura, un video… vamos, ¡de un paseo por el bosque!

Las personas reaccionamos de formas diferentes cuando perdemos; y como desde pequeños los niños van a enfrentarse al fracaso por la ley natural de la vida, sería importante enseñarlos a perder desde que son chicos.

La actividad más importante de los niños es jugar, ya que se prepara para la vida. La forma como un niño enfrenta un juego nos da una idea muy clara de cómo reacciona en otras situaciones de su vida. Por ejemplo:

Algunos niños, cuando pierden, toman las fichas y las avientan al suelo; otros abandonan el juego a la mitad cuando se dan cuenta que van perdiendo. Finalmente, otros se quedan tranquilos y esperan el momento de iniciar otra partida.

¿Qué aprendemos cuando perdemos?

Los especialistas han encontrado que tus hijos deben aprender a perder ya que esto le traerá muchos beneficios:

  • Enfrentar la incomodidad y la decepción es necesario para crecer; los juegos de mesa permiten hacer esto es en un ambiente controlado, en casa y en pequeño.
    Permitir que pierdan cuando son pequeños los prepara para aprender a perder cuando sean más grandes.
  • Desarrollan la habilidad para manejar el enojo, la frustración, la molestia. Una de las razones de por qué tus hijos deben aprender a perder.
  • Al desarrollar la capacidad de reconocer su enojo, pueden empezar a desarrollar estrategias para manejarlo.
  • Les ayuda a volverse más empáticos, a ponerse en los zapatos del otro – “sé cómo se siente perder…”.
  • Si les ayudamos a analizar qué podrían haber hecho diferente, aprenden de sus errores y jugarán mejor la próxima vez.
  • Esto les permite ir ganando confianza en sí mismos, pues saben que la próxima vez tendrán una nueva oportunidad de ganar… o de aprender de sus nuevos errores.
  • Aprenden que está bien ser bueno para ciertas cosas, tal vez el mejor en algunas de ellas; pero también ser el último en algunas actividades.
  • Perder nos recuerda que debemos esforzarnos más, que practicar nos permite ir mejorando.
  • Permite a los niños empezar a reconocer sus debilidades, aquellas áreas en donde se sienten vulnerables; y trabajar para mejorar.
  • Ayuda a los niños a volverse resilientes, a levantarse después de un fracaso y volver a intentarlo.

Si tu niño nunca pierde, nunca habrá aprendido a perder; y se perderá de todos estos beneficios, de aprender que lo más importante no es ganar o perder, sino participar y divertirse.

El mundo es un lugar competitivo. Aprender a perder en un juego de mesa, es mucho más fácil para el niño que experimentar el fracaso por primera vez en público. Por ejemplo, en una competencia o en un salón de clases.

¡Enseñarles que diferentes personas tenemos diferentes habilidades puede ser uno de los mejores regalos que puedas hacer a tus hijos! Y tú, ¿qué prefieres? ¿Ganar o perder?