Primero conoce a tu hijo, después elige su escuela

Nonatzin Martínez · 10 enero, 2019

Muchos padres escogen la escuela a partir de la popularidad o la cercanía pero ¿en verdad conocen las necesidades y personalidad de su hijo?

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Pensar en el colegio de los pequeños desde el embarazo es casi una reacción natural de los padres, considera la psicóloga Xóchitl González Muñoz. Lo cierto es que también puede existir cierta presión social y competencia para hacerlo, complementa Ximena Sandino, y sugiere “no caer en ello, porque si tomamos decisiones basándonos en la parte social de los adultos y no en las características de nuestros propios hijos, esto podría resultar contraproducente”.

 

Entonces, ¿cuándo y cómo empezar buscar la escuela de nuestros chicos?

 

Sandino, también responsable del modelo único de gestión educativa para el colegio Green Hills, dice que la etapa inicial es la mas importante en el desarrollo de los niños a futuro, por lo que recomienda que la selección e inversión que se haga esté enfocada en edades tempranas, pensando en que el colegio sea ético y que trabaje toda el área de desarrollo motriz, emocional y sensorial, que es lo que dejará los fundamentos para su futuro académico y hasta laboral.

Para Xóchitl González, alrededor de los tres años es la edad perfecta para ir viendo dónde estudiará el niño, pero enfatiza que más importante que el “cuándo” es el “cómo”, es decir, fijarse en las características personales de tu hijo: “porque aunque puedes escogerle la escuela a tu hijo, sin conocerlo, no es lo recomendable. Los papás deben poner atención en la personalidad de cada niño, en la manera en que se le facilite aprender y en los valores que se promuevan en casa. Estos tres aspectos deben corresponder con el modelo educativo y los valores que promueva la escuela, así como la forma de entender la disciplina”.

 

Incongruencias al elegir la escuela

 

Algunos ejemplos de incongruencias en los que no deberíamos caer son los siguientes: si en casa se practica y se profesa alguna religión en particular –o no se profesa ninguna–, ¿por qué inscribir a los niños en una escuela donde se promuevan valores desde otro punto de vista religioso?

Otro caso: ¿por qué inscribir a un niño varón en un colegio tradicional si en casa está permitido el uso el cabello largo, si es obvio que lo van a censurar (y a confundir, que sería lo peor, ya que habrían dos figuras de autoridad diciendo cosas contrarias)? O si es hiperactivo, muy probablemente sea reprendido por no poder permanecer quieto en su lugar.

La psicóloga González Muñoz cuenta que en el consultorio es muy frecuentemente ver a niños que tienen algún problema de aprendizaje y, a pesar de ello, están en una escuela de alta demanda: “¿qué pasa en estos casos? Que sus papás, además de estar desatendiendo las necesidades del niño, están provocándole dosis adicionales de estrés y ansiedad”.

Es muy importante que exista una congruencia entre la personalidad del niño y la estructura familiar en la que se encuentra con el modelo educativo (ver más adelante “modelos educativos”) y de disciplina de la institución. Si no existe una correspondencia, es muy probable que esto impacte en el autoconcepto del niño, pues podría sentir que no es lo suficientemente capaz para responder a las exigencias académicas o de comportamiento que la escuela pone frente a él, enfatiza la psicóloga Xóchitl González.

Pero además de conocer a su hijo, los papás también deben conocerse a ellos mismos, su estilo de vida y aceptar qué tanto están dispuestos a involucrarse en la formación de su hijo, pues hay escuelas y modelos educativos que exigen, por ejemplo, mucha más presencia y participación por parte de los padres, como en el caso de Montessori.

“Si los papás simple y sencillamente no pueden responder a esta necesidad, seguramente aparecerán muchas situaciones de conflicto”, agrega nuestra experta.

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