Con mucha frecuencia las mamás comentan que están preocupadas porque sus hijos no comen. El problema puede manifestarse de diversas formas:

  1. El niño se rehúsa a probar diferentes alimentos, limitándose a comer únicamente lo que le gusta; no importa cuántos esfuerzos haga la mamá por convencerlo y, si se le intenta forzar, puede incluso llegar a vomitar lo que se le dio
  2. El niño tarda mucho tiempo en terminar la comida, mucho más de lo que sería razonable para su edad; juguetea con la comida, se levanta de la mesa, platica o simplemente se sienta durante horas frente al plato
  3. Hay niños que no comen nada, parecen “vivir del aire”; las escenas pueden parecer graciosas, pero en el fondo son desgarradoras: la mamá le ruega al niño para que coma algo, lo persigue por toda la casa, lo regaña; nada parece funcionar

¿Qué puedes hacer para resolver estos problemas?

Uno de los secretos de una alimentación sana es desarrollar el gusto por alimentos variados; y muchas veces nosotras no permitimos que esto suceda ¡sin darnos cuenta! Veamos por qué. Desde el momento en que el bebé se sienta a la mesa “con los grandes”, empieza a aprender los gustos de la familia; de esta forma, es probable que no pruebe muchos alimentos porque a ti, a tu esposo o a tus otros hijos no les gustan.

Para evitar este problema, ofrece a tu bebé todo tipo de alimentos, aún los que a ti no te gusten.

Y, si puedes, no le hagas saber que a ti no te gustan; esto puede sonar a broma, pero si lo que estás tratando de lograr es que tus hijos “coman bien”, puede resultar muy útil dejarlos formarse sus propias opiniones respecto a los diversos sabores y alimentos.

Respeta los gustos de tus hijos en lo que se refiere a la comida; si los adultos tenemos la libertad de no comer aquello que no nos gusta, ¿por qué forzar a los niños a hacerlo? Por otro lado, los gustos de los niños cambian; si dejas pasar un tiempo, puedes volver a ofrecer un platillo que antes no quisieron.

Otro punto muy importante es encontrar el equilibrio entre aprender a comer de todo y aprender cómo comer, es decir, tener buenos modales. En este sentido es muy importante comprender que primero el niño debe aprender a comer, y luego puedes empezar a enseñarle cómo comer.

No podemos olvidar que los niños no nacen sabiendo cómo comer; deben aprender a comer y lo hacen de la misma manera en que aprenden todas las demás habilidades: a través de la exploración y del uso de todos sus sentidos. 

Para ello se les debe permitir oler, tocar, ver, escuchar, ensuciarse, sentir las diferentes texturas, ver los diferentes colores… y no importa si el niño se ensucia o si deja un tiradero todo a su alrededor. 

Ya tendrás tiempo de enseñarle a comer utilizando los cubiertos, bien sentadito, no levantarse hasta haber terminado, usar el tenedor y no los dedos, el uso correcto de los cubiertos, a no poner los codos encima de la mesa, etc., etc.

Cambiar la presentación o la preparación de un alimento a veces puede ser de ayuda. Así, poco a poco, puedes ir ampliando el menú de tus hijos.

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¿Qué pasa si tu hijo sólo quiere comer su plato favorito?

Todas conocemos ejemplos como éste: durante toda la semana, el niño sólo quiere carne asada con papas fritas; la semana siguiente sólo acepta espagueti con albóndigas; y cada semana parece querer solamente un tipo de comida. En muchos casos, esta es una etapa pasajera. También se ha visto que, en ocasiones, esto le permite al niño ir adquiriendo una dieta balanceada, mientras aprende a comer de todo o casi de todo. 

Este proceso puede tomar un tiempo, por lo que debes tener paciencia.

Dar demasiada importancia a una conducta, a veces puede contribuir a agravarla; de tal forma que, si dejas pasar esta etapa de manera natural, es más probable que el niño la supere.

¿Qué podemos hacer cuando los niños no quieren comer?

Muchas de nosotras crecimos dentro de la filosofía que “los niños no deben comer entre comidas” y “se tienen que acabar todo lo que tienen en el plato.” Los estudios más recientes han encontrado que estas dos ideas son erróneas:

Por un lado, los niños tienen el estómago muy pequeño, por lo que las raciones que pueden consumir son más chicas que las de los adultos. Pero también desarrollan mucha actividad, por lo que necesitan más energía; de ahí que comer sólo tres veces al día puede no cubrir todas sus necesidades nutricionales.

Los expertos recomiendan que los niños coman más de tres veces al día; y tú puedes ayudarles a seleccionar alimentos sanos para cada una de estas comidas, evitando los alimentos altos en grasa y, por supuesto, los alimentos chatarra.

Tampoco es recomendable forzar a un niño a terminarse todo lo que tiene en el plato; además de que esto puede favorecer la obesidad, también es importante que el niño aprenda a “escuchar” a su propio cuerpo, y coma sólo hasta sentirse satisfecho.

Es muy importante no confundir esto, con el niño que no termina su comida porque quiere irse a jugar; esto corresponde más a una formación de hábitos, que a permitir que el niño empiece a desarrollar su propio sistema de control interno.

Finalmente, existe la posibilidad de que el niño no quiere comer por una situación de tipo emocional: porque está triste, o muy cansado, porque le fue mal en la escuela o se peleó con un amigo. O porque ha encontrado que ésta es la manera de lograr atención por parte de la madre. 

Antes de caer en el pánico porque tu hijo no come, puede ser útil tratar de platicar con él para ver qué es lo que le está preocupando y, de ser posible, ayudarlo a resolver el problema. 

En algunos casos, puede ser necesario consultar a un especialista, que te ayudará e encontrar ideas específicas para el manejo de estas conductas.

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¿Qué puedes hacer si tu hijo es Picky? 

Si tú tienes un niño que solo come lo que le gusta – los niños remilgosos, “Picky” o “Tikis mikis” – a ti, como mamá, lo que te interesa es que tu hijo aprenda a comer más variado. 

Hay algunos puntos que te pueden ayudar a enfrentar el problema: Muchos niños atraviesan por una “etapa remilgosa” entre los dos y los cuatro años de edad

  • Sé compasiva – con el niño y contigo misma
  • No te des por vencida – si tu hijo no quiere comer algo, dejas pasar un poco de tiempo y vuelve a intentar ofrecerlo 
  • Asegúrate que cuando el niño se siente a comer tenga hambre
  • Establece rutinas a la hora de la comida
  • Evita distractores 
  • Ofrece una buena variedad de alimentos
  • Puedes probar la siguiente estrategia:
  • Todos se sientan en la mesa
  • Se sirve el primer tiempo que podría ser, por ejemplo, una sopa de pasta 

Si el niño se la come, ¡qué buena suerte! Puedes reconocer su conducta, con frases como “me da gusto que esta sopa te guste.” 

Si no la come, intenta no decirle nada, ignorando la conducta inapropiada. Resiste la tentación de rogar, amenazar, castigar, o forzarlo a comer lo que él no quiere. Evita usar la comida como premio. Cuando todos terminen de comer la sopa, se retiran los platos y se sirve el segundo tiempo – por ejemplo una carne que él no ha querido   probar; y se repite la misma secuencia

La esencia de esta estrategia es reforzar la conducta deseada e ignorar la conducta no deseada (en este caso, no querer comer algo nuevo).  

Es importante no regañar al niño ni forzarlo a comer lo que no quiere; él debe permanecer en la mesa acompañando a los adultos y puedes utilizar frases como “eso lo que hay ahora, me gustaría que lo pruebes, pero si no quieres, no lo comas; cuando todos terminemos, puedes comer lo que sigue.” 

Si vas a intentar una estrategia de esta naturaleza, asegúrate que, al menos uno de los platos que sirves, sea algo que le guste al niño, para que no se quede sin comer.

 Si experimenta un poco de hambre, ¡qué bueno! ¡Eso es lo que tú deseas!!! Que el niño conozca las consecuencias naturales de sus actos. La consecuencia natural de no comer es sentir hambre.

Al terminar de comer, es probable que el niño se queje de que tiene hambre; en ese momento, y de forma amorosa, aprovechas para decirle que la próxima ocasión tendrá la oportunidad de comer lo que se le sirve para no quedarse con hambre. Es muy importante que no le des de comer nada hasta la hora de la cena.

Muchas de ustedes podrían pensar que esta es una escena cruel; no he dejado de enfatizar que no le regañen, y que se dirijan a él de forma amorosa para ir logrando, poco a poco sus objetivos. 

Recuerda: ¡Haz de la hora de la comida un momento agradable!

Nancy Steinberg, Doctora en Psicoterapia. Creadora del Movimiento Prohibido Castigar.

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