Si desde que eras pequeña soñabas con convertirte en mamá, seguramente ya tenías pensado el nombre que querías ponerle a tus hijos. Y claro, la posibilidad de nombrar a tu hijo como tú o tus padres,  siempre es latente.

¿Cuántos casos familiares conoces en los que hay más de tres generaciones compartiendo el mismo nombre? Muchos, ¿verdad? Y es que esta práctica es muy común, rayando en lo obligatorio para algunas personas.

Si es tu caso, tal vez decidas pensarlo dos veces después de leer esta información. Resulta que varios psicólogos coinciden en que al hacer esto, de alguna manera “obligas” a tu hijo a ocupar el lugar del otro, incluso, a seguir su mismo destino.

[relacionado id=22806]]

El escritor y psicoterapeuta Alejandro Jodorowsky comenta que cuando se bautiza a un bebé debemos ser conscientes que junto con su nombre, se le otorga una identidad, por lo tanto “los nombres que recibimos son como contratos inconscientes que limitan nuestra libertad y condicionan nuestra vida”.

Por otro lado,  el psiquiatra Armando Camino menciona en El Telégrafo que “se puede provocar un efecto de rebote, porque le pasamos nuestra historia a nuestra descendencia”.

Ahora ya lo sabes, quizá es una mejor opción buscar algún nombre diferente y original para tu bebé, fuera de tu árbol genealógico.