Para ser mejor mamá este 2017

Mamá al Cubo · 20 enero, 2017

Estas pequeñas acciones harán que la relación con tu hijo sea diferente.

mama escribiendo

Todavía no acaba enero así que estoy a tiempo de escribir mis propósitos para este 2017. En especial mis propósitos de mamá de tres criaturas que crecen por segundo.

En este caso no serán 12 propósitos ni uno por mes, más bien se trata de cinco tareas a practicar cada día, esperando que un día más que propósito sea una forma de actuar con ellos.

1.- Presencia. No se trata solo de estar y dar instrucciones “lávate los dientes”, “ponte la pj”, “la tarea”. Eso no. Pienso que venimos a este mundo a algo más que solo vivir en la rutina. Mi propósito es que mi presencia la puedan sentir cuando me piden ayuda con la tarea, cuando me hablan para ver las nubes, cuando llegan los abrazos por la noche y por las mañanas. Construir recuerdos, de esos que llenan el corazón.

2.- Paciencia. Sí, más paciencia. Esa nunca sobra. Más bien siempre quedo corta y para cuando me doy cuenta ya apuré, presioné, ya repetí mil veces lo mismo y entonces me estampo con la realidad de que no puedo pedirle a mis hijos que sean pacientes cuando mi ejemplo no va de la mano con mi boca. Entonces mi reto diario es revisar mi comportamiento a cada momento. Es un estar alerta constante. Sí a cada minuto, cuando lo hago me doy cuenta que con los días sale natural, pero claro siempre pasa algo que cambia la rutina y entonces todo se me descuadra, por eso sigue siendo uno de mis propósitos para el resto del año.

3.- Aprender a no hacer nada. Así como lo leen, entre más leo y más observo, me doy cuenta de cómo los adultos vamos por la vida como si fuera una loca carrera para llegar ¡quién sabe a dónde! Y claro, cuando queremos que los niños se calmen, simplemente no saben qué hacer. Múltiples estudios señalan la importancia de tener tiempo de ocio, cuando “no hacemos nada” el cerebro activa unas funciones que permanecen dormidas cuando “sí estamos haciendo algo”. Y ese proceso neurológico es fundamental en el desarrollo de los chicos. ¿Qué tal si nos tumbamos en el piso a ver el cielo? ¿O nos sentamos en una banca a ver a las personas pasar?

4.- Soltar. Lo leemos en todas partes pero que tanto soltamos el control, ¿qué tanto realmente dejamos que nuestros hijos sean como su naturaleza les indica? Me parece que poca, al menos en mi caso me doy cuenta todos los días en que sigo queriendo que hagan esto, que reaccionen de tal forma, que les guste lo que yo considero que debe gustarles. Y de las consecuencias ni hablamos, ¿cuántas advertencias damos al día? ¿Cuántos “es la última ves”? Y al final , nada, somos las primeras en no dejar que las cosas sucedan. Soltar esas ganas de controlar la vida de nuestros hijos es quizá el reto más fuerte que tenemos como madres. Una cosa es crianza, educación, contención, limites y otra control, y la línea divisoria es finísima, a veces invisible y justo por eso debo estar en constante alerta.

5.- Empatía. Mucho se habla de ella, pero ¿qué tanto la practicamos con nuestros hijos? Porque somos rebuenas para ser amables y tolerantes con las amigas y hasta con los hijos/hijas de nuestras amigas, pero ¿y los nuestros? y no me refiero a los accidentes como un vaso de agua tirado o cualquier otra cosa parecida.
Me refiero a los malos ratos, a esos que justamente requieren el doble de nuestra empatía, de toda nuestra tolerancia, porque si sus mamás no son capaces de aguantar sus malos ratos entonces ¿quién los va hacer sentir queridos y aceptados así tal cual son? Si no encuentran contención y acompañamiento en nuestros abrazos, en nuestra mirada comprensiva, cuando sean grandes y salgan al mundo que no nos sorprenda que hagan cosas para complacer a los demás o para que los demás no se enojen, para que los quieran y por los demás me refiero, al jefe, la novia/novio, el mejor amigo o la compañera de la escuela.

Fácil no va a ser, pero mis hijos, su familia, la gente con la que convivimos y yo, merecemos que la crianza que aplicamos minuto a minuto sea de la mejor calidad. Eso no significa que no nos equivoquemos, que no fallemos en algo, pero aún así, no se necesitan grandes cosas para educar personas amables, empáticas, solidarias que puedan darle un rumbo distinto a este loco mundo

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