Arrancamos el 2021 y sobre la mesa sigue la interrogante de si los niños regresarán al ciclo escolar siguiente a las clases presenciales. Como mamá de cuatro son temas que me ocupan pero no me quitan el sueño porque estoy cierta de que este alto total ha resignificado la educación y sus métodos tradicionales. Hoy los padres tenemos una oportunidad de oro para buscar alternativas de crianza que formen seres humanos funcionales y aptos para la vida, más allá de solo buscar la formación académica. En esta búsqueda constante de alternativas me encontré con la pedagogía “Soka” que resultó ser de inspiración y origen japonés y que basa toda su filosofía en la creación de valor.

So-Ka  “creación de valor»

El término fue acuñado por Tsunesaburo Makiguchi en su obra “La pedagogía del sistema de creación de valor”, publicada en 1930. Me resulta muy interesante confirmar que es ahora en el 2021 cuando estas propuestas se vuelven totalmente vigentes pues se trata de generar un sistema de enseñanza cuya meta es crear valor, siendo la felicidad el propósito principal de la educación. Ante esto yo me cuestiono si los niños hoy, en este entorno virtual, a distancia y con expectativas muy lejanas de crear personas felices y sí con altos objetivos académicos, acaso ¿se sienten felices?, y si la felicidad es el fin primario y último del hombre ¿por qué nos cuesta tanto trabajo replantear los objetivos de la educación?

A cuenta de esto les comparto que hace dos años tuve el honor de haber sido invitada por The Lego Foundation a Billund en Dinamarca y ahí, tuve la gran oportunidad de visitar The International School of Billund y uno de los pilares educativos que más llamó mi atención, fue la gran preocupación de maestros y comunidad de padres por transmitir a los alumnos el valor de contribuir a la comunidad en muchos aspectos, a cualquier edad, siendo ello la base del bienestar individual y colectivo, que lleva a la felicidad de manera natural, cosa que no sucede en nuestras escuelas.

De mi investigación encontré que la pedagogía Soka de Makiguchi, se inspiró a su vez en la filosofía budista de Nichiren Daishonin (1222-1282), que planteaba un budismo ligado a los problemas cotidianos y no a una vida monacal separada de la sociedad, afirmando que cada persona tiene el potencial de afrontar los desafíos que se presentan de manera cotidiana de forma creativa, generando valor e influyendo positivamente en su comunidad. ¡Esto en los 1200! Ya podemos confirmar hoy que tan bien nos vendría a niños y a adultos crecer en una sociedad donde no solo nos sintamos respetados y amados, pero con las habilidades emocionales creativas suficientes para salir avantes todos juntos en cualquier situación adversa cotidiana, ya no digamos, la pandemia, por ejemplo.

La propuesta de Makiguchi fue continuada por Josei Toda, quien desarrolló la asociación Soka Gakkai, después impulsada por Daisaku Ikeda, su actual presidente, implicado en facilitar diálogos en torno a la paz creando, además, lo que conocemos actualmente como el sistema educativo Soka.

El método educativo Soka se encuentra vigente desde la educación preescolar y hasta la universitaria, en la Escuela Infantil de Sapporo, el campus de Kansai en Osaka y Kyoto (Educación Primaria y Secundaria) y dos universidades en Tokio y en Aliso Viejo, en California. Además de estos centros, existen actualmente escuelas infantiles en Singapur, Malasia, Hong Kong, Brasil y Corea del Sur.

No quiero decir con mis hallazgos que todo lo que brilla es oro y que solo las propuestas extranjeras representan un valor agregado a la educación, pero si que hay mucho que observar y aprender y mucho que también podemos integrar a la educación de nuestros críos. No conformarnos con lo que hay hoy es un básico.

Tenemos que retar los sistemas tradicionales, empezar ya (porque vamos tarde), a educar para la paz como lo propuso María Montessori, respetando los ritmos del niño y sus habilidades y voluntad, como lo planteaba Rudolph Steiner en su método Waldorf. Podemos integrar elementos específicos del estilo de vida Hygge danés, o del Niksen holandés.

Nos urge adaptarnos al mundo cambiante para crecer niños felices y seguros. Dejar de normalizar que la educación a la que estamos acostumbrados da herramientas suficientes para salir al mundo actual, por que no es así. Si importa aprender historia y geografía, pero importa mas aprender sobre resiliencia, duelo, manejo de emociones, contribución en comunidad, cuidado del medio ambiente, cuidados de la salud, amor propio y autoestima, etc.

Las pedagogías a las que hago referencia tienen elementos comunes, uno muy importante es facilitar el intercambio de experiencias tomando en cuenta al niño como persona y no solo como material flexible de condicionamiento, se ocupan en fomentar una cultura de paz y reflexión acerca de los derechos humanos y la sana convivencia; sensibilizan sobre la importancia de coexistir con la naturaleza; fomentan el aprendizaje de idiomas y la lectura y distintas expresiones del arte; facilitan el desarrollo intelectual con la visión de que el conocimiento por sí solo no puede generar valor si no está guiado por el interés y la sabiduría, un sentido de propósito y de responsabilidad y el deseo de contribuir al bienestar de la humanidad, siendo parte un todo mayor.

En la educación Soka los maestros intercambian experiencias de fracaso con la intención de compartir su aprendizaje con otros maestros y mejorar todos para no volver a caer en ello. Llevan diarios de experiencias que comparten constantemente, se me ocurre que esto lo podríamos hacer las familias, las madres, los padres, círculos de apoyo en donde pudiéramos hablar de lo mejor y de lo peor para realmente criar en tribu y ser mejores guías de los más pequeños.

Personalmente creo que urge dar un giro a la educación, al menos a la básica, estar al servicio de los niños, como una necesidad primaria evolutiva y no solo como un negocio, donde la experiencia de aprendizaje tenga sentido y resulte inspirador para que se imprima en el cerebro del niño para siempre, para que desarrolle su máximo potencial individual pero que también se mantenga genuinamente conectado con su entorno en armonía.

La educación es cosa seria, para reflexionar, para intervenir, para moldear cada vez que sea necesario. Los niños son nuestro único futuro posible. Seamos el cambio.