De tal palo tal astilla

Mercedes Del Valle · 4 diciembre, 2014

¿Cuántas veces de chica, enojada por la forma en que te trataban tus papás, te escuchaste decir “cuando tenga hijos jamás voy a hacerles esto”?

¿Cuántas veces de chica, enojada por la forma en que te trataban tus papás, te escuchaste decir “cuando tenga hijos jamás voy a hacerles esto”? Y pasado el tiempo, ahora como mamá, te ves repitiendo esas conductas que juraste jamás tener con tus hijos imaginarios en la infancia.

Haya sido bueno o malo lo que tanto renegábamos de chicas y que ahora repetimos, lo cierto es que nuestra primera escuela para padres fue nuestra infancia y nuestros papás los primeros maestros.

Seguramente en muchas ocasiones, ya como mamás, nos ha caído el veinte de porqué mamá o papá hacían o decían cosas que de chicos no entendíamos… y los volvemos a escuchar, ahora en nuestros propios labios, con frases como “es por tu bien”, “me duele más a mí que a ti” o “de grande lo entenderás”. Pero no todo lo que vivimos en la infancia quisiéramos repetirlo con nuestros hijos, y es natural y deseable que las nuevas generaciones de madres busquemos mejores maneras de criar a los hijos y vayamos dejando atrás patrones heredados que son nocivos. Esta tarea no es fácil, pero tampoco imposible, ya que estos patrones están grabados en nuestro inconsciente y los repetimos automáticamente. Si estamos decididos a hacerlo, debemos prepararnos para un largo camino de auto-conocimiento y aprendizaje.

  1. Conoce tu pasado

Si no recordamos nuestro pasado, estamos condenados a repetirlo, decía el filósofo Ortega y Gasset. Y es cierto, si no conocemos nuestro origen, si no descubrimos los patrones ocultos que nos llevan a actuar en forma destructiva, seguiremos haciéndolo una y otra vez. Afortunadamente, podemos aprender. Ser padres es una tarea ante todo de auto-educación. No podemos darles a nuestros hijos nada que no nos demos primero a nosotras mismas. Por ello te recomendamos tomar en cuenta los siguientes puntos:

  • Conoce a tus padres. Comparte con ellos, pregúntales cómo fue su infancia y cómo fue la tuya.
  • Haz una lista de las cosas que aprendiste de ellos, sepárala en dos: lo que quisieras que tus hijos aprendan de ti y lo que no.
  1. Hacer lo contrario no siempre es hacer lo mejor. Lo que se resiste persiste.

En un afán de huir de la sombra de nuestros padres, muchas veces nos volvemos esclavos de hacer “lo opuesto” y perdemos de vista lo que nos mueve a actuar. En lugar de buscar hacer lo mejor para nuestros hijos, nos enfocamos en hacer lo contrario a nuestros padres, con lo cual perdemos la capacidad para estar atentas a lo que está sucediendo.

A veces, hacer lo que ellos nos enseñaron es lo mejor que podemos hacer… otras veces no. Como alguna vez leí una cita anónima “Madurez es poder hacer algo que es realmente bueno para ti, aún si tus padres te lo recomendaron”.

Cuando te caches repitiendo un patrón aprendido de tus padres y que no quieres continuar (comentarios ofensivos o humillantes, golpes, etc.) toma nota. Con calma, cuando la emoción que detonó la acción haya pasado, escribe cómo podrías haber continuado la escena cambiando tu participación en ella.

  1. Recuerda que es un proceso

Nuestra mente y nuestro corazón, así como nuestra capacidad para ser madres amorosas, maduras y responsables, requieren entrenamiento y disciplina. Ser padre, como ser un adulto consciente y responsable es algo que se aprende y se adquiere tras mucha práctica y perseverancia.

Si pierdes el control, la paciencia, la calma con facilidad, practica alguna actividad que te ayude a preparar tu mente y tu corazón para que las emociones no te controlen. Meditación y yoga son excelentes actividades, no sólo para mejorar el manejo de tus emociones, sino para tu manera de enfrentar la vida y de relacionarte con los demás. La yoga ayuda a mejorar tu condición física, tu salud y a la larga produce un estado generalizado de bienestar, mientras que las diferentes formas de meditación ayudan a que tomes control sobre tu mente y puedas ser más consciente de tus acciones para evitar repetir los patrones heredados. El famoso “cuenta hasta diez” no es más que una técnica de control mental para sobreponerse al arrastre emocional de la ira o la frustración que nos llevan a repetir conductas.

  1. Cuidado con los extremos

Es común escuchar a mamás o papás decir que quieren ser los amigos de sus hijos, quieren que sus hijos no sufran lo que ellos tuvieron que sufrir. Que no tengan las carencias que ellos tuvieron de chicos. Con frecuencia, por evitar cometer los errores de nuestros padres, podemos irnos a extremos opuestos que pueden ser igual de dañinos que lo que queremos evitar.

Algunas conductas comunes que vivimos en casa y que en forma inconsciente llevamos al extremo pueden verse en el siguiente cuadro.

Lo que vivimos Nos vamos al extremo Busquemos el punto medio
FavoritismoNo respetar las diferencias ni reconocer los méritos de cada unoEquidad y reconocimiento/ tiempo de calidad individualizado con cada hijo
ViolenciaDebilidad y falta de liderazgoFirmeza y respeto / mostrar que somos la autoridad en forma amorosa y firme
Excesivo controlFalta de límites y pobre desarrollo de autocontrolNormas claras y consecuencias lógicas / reprender sin carga emocional ni chantajes
Falta de atenciónNoción equivocada del lugar que el hijo ocupa en la familia (creamos pequeños tiranos que ven a sus padres como súbditos en obligación de cumplir todas sus demandas)Dar atención a los hijos sin ponerlos en el centro de toda la vida familiar
Excesiva críticaUn auto-concepto equivocado y dificultad para ver los errores propios. Poca tolerancia a la frustración y a que las cosas no sean tal como uno quisieraMostrar que los errores y las fallas son oportunidades de desarrollo y parte esencial de la vida humana

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