Dicen que si sanamos nuestras emociones, nuestros hijos también serán sanos emocionalmente hablando. Para saber cómo lograrlo, entrevistamos a la psicoterapeuta Aura Medina, quien nos explicó todo sobre las heridas de madre que le estamos dejando a nuestros hijos y cómo librarnos de ellas para no herirlos.

¿Cuáles son tus heridas de madre que debes sanar?

Primero Aura nos explica que las herida son traumas que desde niños recibimos, que desgraciadamente los padres carentes de información sobre cómo criar hijos sanos emocionalmente, repiten patrones que usaron en ellos. Formas abusivas, de control, de invasión a los menores y no nos damos cuenta que nuestros hijos son sensibles.

«Hay heridas de madre que empiezan a formarse desde el útero. Ésta es la del rechazo, porque desde el embarazo, si la madre aún no ha curado sus heridas de la infancia, es probable que tenga miedo a ser mamá porque no quiere que vivan lo que han vivido, pero como no lo han trabajado se lo transmiten y crean una herida de rechazo», menciona Aura.

“No siempre es así y no es que lo esté rechazando de manera consciente, pero lo puede rechazar desde el útero. Ya sea porque el mundo está como está, por dinero o lo que sea, un niño recibe el rechazo, aunque no sabe lo qué es”, explica la experta.

Como padres tenemos muchos errores y sin querer les infringimos traumas cuando él necesita mucho amor y aceptación a lo que es. Cuando no lo recibe y lo padres lo educan con humillaciones, avergonzarlo o con juicios y comparaciones, esto hace que el niño que se sienta mal consigo mismo.

Todo niño necesita sentirse amado incondicionalmente, por lo que los padres deben formar ese entorno para indicarles quién es él o ella. Un niño necesita diferentes cosas por etapa.

Por ejemplo, en la primera parte de vida necesitas una simbiosis absoluta con su madre. Lo ideal sería que la madre pudiera dedicarse 6 meses por completo a su bebé, que va más allá de darle leche materna. Generalmente no lo sabemos porque no lo tuvimos. Al no tener esto, se crea la huella de abandono donde se siente sin apoyo, sin contención.

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«No es una reflexión, es una experiencia y esto provoca una sensación de abandono porque no hay nadie para ti», menciona Aura. La herida de abandono no siempre es abandono físico, puede ser emocional y no nos damos cuenta que la estamos creando. «No se trata solamente de tener la comida lista, se trata de una serie de necesidades emocionales».

No causamos las heridas de madre en su mayoría se forman de manera inconsciente y una persona que sufrió rechazo en su infancia, la experimentará siempre, pensando que los otros la rechazan y que lo merece. El niño crece así, pensando que se merece eso, incluso los abusos.

Un crío va perdiendo autoconfianza en sus pensamientos, sentimientos, intuiciones, acciones y sueños, se pierden a sí mismos con esta herida de la vergüenza. «Nos tratamos como nos trataron nuestros padres, nos humillamos, autoexigimos, complacemos a los demás o todo el tiempo vivimos en la compensación o buscamos adicciones. Creemos que no somos suficientes».

Alguna de las causas comunes en la herida de la vergüenza, es haber sido abusados, humillados, criticados, juzgados, abandonados física o emocionalmente, o también que nuestros padres tenían cierta vergüenza de sus trabajos o situación económica, y esto se le contagia a los niños. Los niños aprenden de nosotros, las heridas de madre que les dejamos.

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«Ahora en pandemia podemos creer que estamos 100% con nuestros hijos, pero estar con ellos significa que tú misma puedas estar contigo, que sepas las necesidades que tienes y que de alguna manera estés consciente de tus heridas de niña interior». Es saber enfrentar nuestros miedos y a reconocerlos para relacionarte sanamente con tu intimidad y cercanía a otros.

Debemos enseñarles a través del respeto, evitar tener expectativas irreales, dejar de compararlo. Recuerda que el mejor ejemplo para tus hijos eres tú, no el hermano mayor o el primo.

No nos damos cuenta que le heredamos miedo a los niños, pero no nos damos cuenta en qué no estamos funcionando bien, muchas veces por miedo al qué dirán y lo único que hacemos es retraumar al niño con las nuestras.

En cuanto a la herida de la traición, son las heridas de nuestros padres. «De niños tenemos el corazón abierto y vamos creando desconfiando porque nos invalidan, nos mienten. Debemos ser sinceros con ellos y con nosotros mismos», comenta la experta.

¿Cómo  sanamos?

Aura explica que todos tenemos heridas en diversos grados, porque no hay una educación emocional real. Si no es en la casa, en la escuela o en la sociedad pueden salir heridos. Tienes que cambiar tu vida, convertirte en la madre o padre que no tuviste y de esa forma aprender a tratar a tus hijos de manera más presente, más amorosa.

No solo es conocimiento, tenemos que cambiar las actitudes hacia mí y hacia ellos y entender que la educación no es a través de decirles qué hacer sino mostrarles cómo. «Si mi autoestima está rota cómo le enseño a tener una buena autoestima si yo no la tengo», menciona.

Primero debemos curarnos a nosotros mismos, hay que hacer cosas más funcionales, porque por más choros que le echemos a los hijos pues no tiene caso porque ellos harán lo que vean en ti.

En pandemia les recomiendo ser conscientes de sus propias heridas y no se los pasen a sus hijos. Si no pueden hacerlo solas, busquen ayuda de profesionales. Tú tienes que estar bien, es estar relajados internamente y después tus hijos estarán bien. Pero debes trabajarlo para que ellos no lo absorban.

Juega, baila, muévete, haz cosas divertidas con tus hijos para reconéctate con ellos y contigo misma.

Aura Medina de Wit

 

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