María tiene 10 años, es mi segunda hija de 4, los otros 3, son varones. Cuando no era mamá tenía ciertas ideas de cómo sería criar a una niña y hoy que lo soy, me doy cuenta de que estaba equivocada en algunas ideas. Algunas de mis creencias eran por ejemplo: que las niñas eran delicadas y vulnerables, que cambiaban de humor sin razón y que seguramente eran berrinchudas por naturaleza, me parecía que al tener una niña tenías que tratarla con mucha delicadeza y decorar su espacio de niña, es decir; recibirla para vivir en un mundo color de rosa y rodeada de mariposas. No era mamá, pero pensaba que a las niñas había que vestirlas con olanes, vestidos y moños porque así se ven divinas, imaginaba que la llevaría al ballet y que leeríamos cuentos de hadas y que le gustaría mucho la cocina y hacer galletas y pasteles… Equivocada estaba, pero sobre todo limitada en mis creencias.

Cuando María nació, yo ya era mamá de un niño de 1 año 10 meses, un varón al que amaba con toda mi alma, al que trataba con toda ternura y que no vivía (por cierto, en un mundo azul rodeado de superhéroes), es más, ni siquiera dormía en su espacio porque desde que nació practicábamos el colecho. Y cuando llegó mi niña a mis brazos noté inmediatamente mis errores preconcebidos: comparada con Antonio de recién nacidos, María era un kilo mas pesada y mas grande en talla, era a la que ¡oh sorpresa!, la traba igual que a Antonio porque ambos eran bebés. Con su nacimiento no estábamos preparados (ni queríamos que cada quien tuviera una recámara), así que seguimos practicando el colecho los 4 y me di cuenta de otras tantas cosas, que podrían ser irrelevantes, pero no lo son, porque desde la cuna vamos marcando la crianza de nuestros hijos:

María podía usar y usó (y a la fecha lo hace) muchas prendas de vestir de su hermano, no solo que podían ser neutras, pero que podían ser incluso de colores “no de niñas” y le servían perfecto…, luego comenzó a crecer y a querer jugar e interactuar con su hermano mayor y resultó que eran de su interés sus juguetes y juegos y no prefería de manera natural ni orgánica sus muñecas o peluches, y Antonio se interesaba por los juguetes de María, solo porque eran nuevos y distintos.

Con el tiempo me di cuenta que Antonio y María no eran tan distintos y que por encima de eso, yo los trataba igual en muchos aspectos, entonces decidí tirar a la basura todas mis ideas previas y empezar a estrenar mi maternidad como mamá de una niña y esto es lo que he aprendido hasta ahora:

  1. Niñas y niños tienen habilidades, capacidades, dones, si ustedes quieren, que no están ligados su género, pero si a su ser como humanos. Ambos tenían y tienen intereses similares y otros opuestos y que NO coinciden siempre con las ideas de que “algo” es de “niñas” o de “niños”, y con eso empezaron los mejores momentos.
  2. Las niñas son fuertes, inteligentes, emocionales, sensibles y aguerridas desde que nacen. Igual que los niños porque somos personas y todos tenemos emociones, ideas y sentimientos que se manifiestan a lo largo de la vida y somos los adultos lo que les ponemos filtros y etiquetas, pero si no lo hacemos, ellos simplemente se expresan y eso es precioso. Criar niñas y niños libres de expresarse en libertad.
  3. Las niñas pueden y deben poder vestirse como quieran cuando está en su poder y alcance sin necesidad de sembrar en ellas que solo usan ciertos colores o ciertas prendas, se trata de que encuentren su comodidad y certeza. Así que, pantalones, pants, shorts, vestidos o disfraces, la ropa es ropa y mientras cumpla su objetivo, no hay razón para imponerle a nuestras hijas nuestros gustos y estilos.
  4. Las niñas pueden involucrarse en cualquier tema que les acerquemos: historias de amor o hadas, pero también de héroes o de cosas mas duras, se pueden interesar en la mecánica, tecnología, ciencia, matemáticas, deportes de todo tipo y libros de todo género. No limites a tus hijas, dales opciones, ellas saben que les pide su curiosidad, su instinto… deja que lo desarrolle y acompaña sus elecciones, puede sorprenderte.
  5. Las niñas (como todo ser humano), son mas fuertes de lo que creemos, dales la oportunidad de sentir ese poder… sea en el deporte, en actividades físicas en general y hasta emocionalmente. Nos toca a nosotros, los adultos responsables, ver y llevar a niñas y niños a sus mejores posibilidades.
  6. A niñas y niños debemos de mostrarles desde niños que el amor propio es el mas genuino de todos y que no dependen de nadie ni de nada para elegir ser felices y sentirse plenos. Que una persona que se sabe segura tiene mas posibilidades de relacionarse de manera sana con otras personas.
  7. Fomenta en tus hijas ideas que puedan ser completamente opuestas a las que tu tuviste de niña, permite que se atrevan a ser ellas mismas pronto en la vida, que vayan descubriendo y manifestando su esencia y enséñalas también a ser amables con ellas mismas y con otras mujeres.
  8. Al criar a una niña hazle saber del valor de los hombres a su alrededor y la manera en que nos complementamos y necesitamos todos de todos. NO hables mal de los hombres y no hables mal de otras mujeres. Resérvate esos comentarios u opiniones, deja que ella forje su propia historia, déjala que incluya desde el amor el balance de hombres y mujeres en su vida.
  9. Permite que se atreva y atrévete con ella, a leer, a estudiar, a practicar deportes nuevos, a incursionar en otros ámbitos que para ti no son familiares o que ni siquiera conoces, infórmate y apóyala, sé escalera y no obstáculo.
  10. Cría una niña que sea capaz de tratar bien a cualquiera a su alrededor, que no sienta que es su deber imponerse ni someterse, sino vivir en equilibrio siendo parte de un todo. Si tienes niños, críalos igual, que sean hombres que al crecer sumen valor a la vida de otras personas (hombres o mujeres) y que ninguno de los géneros ponga en peligro o denigre al otro. Porque lo que nos urge es el balance de asumir que nos necesitamos y que nos complementamos y que las mujeres merecemos ser vistas, escuchadas, amadas y respetadas porque somos personas, antes que ser mujeres.

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