¡Papás, está bien no estar bien!

Karla Lara · 18 septiembre, 2020

¿Has tenido ganas de estallar y salir corriendo de la desesperación? Te explicamos por qué es está bien no estar bien.

Sin invitar a caer en la negatividad, y tampoco a darnos un permiso total para quejarnos y renegar de todo, lo que quiero poner sobre la mesa es “dar espacio” para cuando las mamás entiendan que está bien no estar bien y que no pasa nada si lo expresan de la manera correcta.

Mamá, está bien no estar bien

Las imágenes y mensajes de la mayoría de las redes sociales de pronto nos hacen pensar que la vida no solo es bella, sino que tiene que ser así y que no hay espacio para estar mal, que lo esperado es ser felices sin importar la situación y encima de eso, corresponde comunicar hacia afuera lo perfecta que es nuestra vida.

¡Hagamos una pausa!, la vida real, la de las personas reales, la de las mamás reales está lejos de ser perfecta, en el día a día, con o sin pandemia, suceden situaciones que nos pueden hacer sentir incómodos, fuera de nuestro centro, inquietos o mal, es normal que en la vida se presenten cambios que a veces no nos gustan y esos cambios pueden ser emocionales, financieros, de salud, relacionados o no con nuestra familia o con amigos y ¿saben qué?, las mamás también tenemos derecho a no estar bien y a decirlo si es necesario y eso sí está bien.

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Es increíble que existan cada vez más herramientas emocionales disponibles para que nuestra salud (como personas) se mantenga saludable, pero, eso no es sinónimo de evitar a toda costa y por todos los medios estar mal, o volar bajo. Es sano reconocer que nuestro estado de ánimo y nuestras emociones viven ajustes constantes, y que a veces estar mal tiene más que ver con el momento personal que atravesamos que con las personas a las que amamos, porque es común que cuando una mamá expresa cansancio, frustración, negatividad, enojo o ansiedad, se relacione con los hijos y eso no siempre es así.

Está bien no estar bien. Se vale no ser perfectas. Es positivo ser humanos reales y dejar de pretender que tenemos todo bajo control: las mamás también nos cansamos, nos ponemos tristes, extrañamos situaciones y personas, tenemos necesidades individuales, y podemos y es más, me atrevo a decir: debemos demostrarlo.

Nuestros hijos siempre nos están observando, no importa lo que decimos, ellos ponen más atención en lo que hacemos y demostrar nuestras emociones cuando no estamos bien es también enseñarles que nos adaptamos a todo y quizá también, sacamos lo mejor de lo peor, pero somos falibles. Esto de aparentar que todo lo podemos, que todo lo aguantamos sonrisa en cara, que no pasa nada aunque esté pasando todo, lo que nos lleva es a colapsar tarde o temprano. Resulta agotador mantenernos cumpliendo expectativas ajenas, cuando lo que realmente importa puede ser más sencillo de lo que creemos.

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A todos nos pasa que podemos llegar a sentirnos rebasados o abrumados por el entorno. Quizá tampoco valga la pena estar constantemente rindiéndonos ante esas situaciones porque ahí aplica la habilidad emocional de la resiliencia y vamos aprendiendo a vivir con los cambios, pero hay momentos donde está bien no estar bien: pérdidas por ejemplo, de trabajo, de salud, de la pareja, de un hijo, vaya que no tenemos que ser invencibles… ¿Quién nos dijo que resistirlo todo es requisito indispensable para ser madre?, y si acaso fue así, ¿por qué decidimos creerlo?, si ser madre es experimentar múltiples veces en la vida los estados de ánimo y las emociones más extremas que alguien puede ser capaz de sentir.

En fin, mi mensaje es que como madres a veces para ganar bienestar debemos primero hacer una pausa personal y reconocer dónde y cómo estamos con nuestras emociones y con nuestros sentimientos, hacer un verdadero análisis de consciencia para identificar qué nos hace bien y qué nos hace mal y ajustar, y si acaso necesitamos gritar, llorar, romper algo, contarle a alguien… ¡hazlo!

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Desahogarse es válido, sentir incluso que no puedes más también, porque entonces será más fácil identificar acciones precisas para seguir adelante, en lugar de estar sosteniendo apariencias que nos drenan. Aquí aplica el aprender a elegir nuestras batallas, el ir despacio, el menos es más, todo aquello que nos quite pesos extras de los hombros para realmente intentar estar bien en su justa medida: bien para nosotras mismas, bien para nuestra familia, bien para nuestro entorno, simplemente bien y no súper bien.

Relájate un poco, bien dicen también que todo pasa, y lo primero es el tiempo, así que toma ventaja, aprovecha lo que tienes ahora y si no estás bien, date el permiso personal de sentirlo, date el espacio para vivirlo y avanza. Mejor eso que periodos interminables de aguantarlo todo, igual que cualquier otra persona que conoces se vale estar bien y a veces no estarlo y luego recuperarte. Los niños igual que nosotros aprenden de lo que ven y muchas veces lo imitan, trata de ser ejemplo, pero no de perfección, sino de honestidad. Ser mamá implica ser mujer, no súper héroe.