Todo empieza cuando se muere el conejo del niño y mamá corre a comprar otro igual antes de que su hijo viva el terrible duelo de su mascota. ¿Qué pasará cuando haya un divorcio o una muerte? Muchas veces por evitarles dolor, preferimos no decirles ciertas cosas, pero ¿sabían que esto puede ser peor? Te voy a explicar por qué no ocultarle las cosas a los niños “para protegerlos”…

Razones para no ocultarle las cosas a los niños

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Cuando algún miembro de la familia sufre una grave enfermedad degenerativa o bien mortal, o cuando los padres deciden separarse, una de las muchas preocupaciones de los adultos es si deben o no decirlo a los niños.  ¿Cómo lo van a tomar? ¿Los traumaremos? ¿Tendrán capacidad de entender? Son algunas de las preguntas que nos planteamos.

Al dolor de enfrentar una realidad irreversible, se le agrega el de ver sufrir a los niños, el de buscar las palabras menos duras para explicarles o bien el disimular y actuar para que no se den cuenta de que papá, mamá se van o que el abuelo se esta deteriorando cada día y morirá pronto.

Generalmente los padres creemos que los niños interpretarán la realidad de la misma forma en que lo hacemos los adultos; sin embargo, esto no es así y no debemos usar esta excusa, es importante no ocultarle las cosas a los niños por miedo a no saber cómo comunicarnos.

Es como si tú asistes a una conferencia sobre “energía nuclear” ¿Qué tanto entenderás? Pues eso dependerá de la información previa que hayas acumulado sobre el tema. Seguramente mucho de lo que se diga te pasará inadvertido porque no lo entiendes y por lo tanto tampoco te preocupará.

Los niños tomarán de tus palabras lo que puedan procesar, lo que puedan entender y lo que no entiendan lo olvidarán o lo pasarán por alto.

Los niños siempre pueden con la verdad, por dolorosa que ésta sea y eso es algo que siempre debemos tomar en cuenta porque el ocultarles lo que ocurre ellos sacan sus propias conclusiones y ellas les pueden afectar mucho más.

¿Por qué? Porque el pensamiento infantil es omnipotente y egocéntrico, es decir, los niños creen que lo que piensan puede suceder o que por su culpa ocurren las cosas y si nadie les aclara lo contrario cargan con remordimientos, con miedos y con versiones equivocadas de las cosas.

¿Cómo se lo explico?

1.-Busca las palabras mas sencillas: No se trata de dar toda una historia clínica, ni de entrar en detalles dolorosos. Simplemente comunícale al niño lo que ocurre de manera simple y clara: “El abuelo esta enfermo y por eso se les están olvidando las cosas” “Mamá tiene una enfermedad que no se quita; pero le están dando medicinas para que no le duela” .

Un pequeño que recibió esta noticia de su madre en boca de su padre simplemente respondió: “AH” y se fue a jugar. Otra niña me comentó: “Ya se que la enfermedad no se quita, que se quede ahí pero que no le pongan mas inyecciones a mi papá”. Este comentario me dejó ver que la pequeña no dimensionaba el hecho de que la enfermedad era incurable. Le expliqué: “Las inyecciones son para que no le duela”. Esta pequeña tardó seis meses en hacer la siguiente pregunta sobre la enfermedad de su papá.

2.-Busca un momento de tranquilidad: La manera como se los comuniques tiene mucho que ver en la forma como lo tomen. Si te ven nerviosa y muy triste se alarmarán más. Es preferible que te vean calmada sin ocultar que la situación te pone triste.

Los niños necesitan ejemplos para saber expresar sus sentimientos y sus padres les ponen la muestra. Si mamá llora sin parar y no puede lidiar con el dolor, el niño tampoco sabrá como hacerlo. De igual manera, si mamá parece indiferente y hasta feliz para no demostrar a los niños su pena, los pequeños se descontrolarán y pensarán que a mamá no le importa el divorcio o la muerte.

Hay familias en donde reina el silencio y la regla “no hablada” es que no se toquen temas dolorosos. Hay otras en que se piensa que si no lloras es que no te importa y por eso se “premia” de algún modo el hecho de dramatizar la vida.

Analiza cuales son las reglas “habladas” y “no-habladas” de tu familia para demostrar el dolor, la preocupación y el miedo.

3.-No des información de más: Así como la explicación debe ser lo mas sencilla posible, la información debe ser dosificada y de acuerdo a las inquietudes o dudas que vayan surgiendo. No expliques lo que no te han preguntado, espera porque los niños necesitan ir procesando la información que reciben para luego seguir preguntando, como el caso de la niña que mencionamos en el numero 1.

4.-Aclara que no les pasa a todos: Los niños piensan que si papá enfermó, entonces después seguirá mamá. Piensan también que, si un abuelo muere, le seguirá el papá. Es una especie de pensamiento mágico que concluye que un evento desencadena otros más.

Es importante aclarar al niño que la enfermedad del familiar no se contagia ni es el inicio de una cadena de enfermedades. Con esta aclaración puedes abrir la puerta a que te pregunten otras dudas o inquietudes. Lo importante es que no le tengas miedo a la verdad.

5.-Enséñalo a ver lo que si queda: Los niños tienen recursos maravillosos para soportar el dolor, uno de ellos es su fantasía y otro su capacidad de hacer un juego de un pedazo de papel o un frasco vacío. Estos maravillosos recursos les permiten ver la parte positiva de la vida y con mayor razón la verán si sus padres los apoyan para darse cuenta de que ese familiar enfermo todavía puede hablar o caminar, todavía puede disfrutar el sol o escuchar música. Esta capacidad de soportar la adversidad les permite atesorar recuerdos positivos de la persona que ha perdido sus facultades o ha muerto.

Los niños ven al mundo con los “lentes” que les heredamos los adultos. No debemos cegarlos de la realidad; pero si podemos matizar su mirada con una actitud serena y madura, con una postura sincera y directa que les de la seguridad de que lo que pregunten se les responderá y que no tienen que imaginar o sacar sus propias conclusiones porque siempre tendrán acceso a la versión real por dura que esta sea.

La gran sensibilidad de un niño le permite adivinar cuando las cosas no están bien y por eso más vale enseñarlos a vivir con los sucesos buenos y malos porque de todos modos los perciben.

Muchas veces la sobre protección los vuelve débiles, temerosos y les hace pensar que siempre necesitarán ayuda para salir adelante. Es un amor que hace más daño que la dura realidad.

No subestimemos a los niños, ellos son mucho más fuetes de lo que creemos. Por eso es importante no ocultarle las cosas a los niños.

Muchas veces somos los adultos los más débiles porque hemos perdido gran parte de nuestra capacidad de ver el lado bueno de la vida.