La delgada línea entre permitir y consentir

Juan Pablo Arredondo · 17 mayo, 2015

Quizá es uno de los asuntos más complicados que vives como papá: identificar la frontera entre apoyar su desarrollo y ceder a todo lo que pide.

Al parecer todos estamos acostumbrados a movernos en dos planteamientos opuestos: o accedo a que haga lo que se le pegue la gana, o lo restrinjo tajantemente; sin embargo hay que entender porqué una cosa no debe estar peleada con la otra.

En primer lugar está la contención que se refiere a un mecanismo de freno externo y cuya función es ayudarlos a desarrollar elementos de auto control, así como generar en ellos las herramientas necesarias para regularse; de lo contrario mostrarán dificultades para controlar sus emociones, conductas e impulsos, y de condescender a situaciones indeseables o incorrectas, se promueven actitudes del mismo tipo.

Por otro lado existe la falsa creencia de que si los dejamos ser y les damos demasiada libertad los haremos más seguros, independientes y autónomos. ¡Falso! Quienes crecen bajo estos esquemas muestran dificultades para “caminar solos” y en cambio aquellos cuyo manejo se da en un ambiente de normas claras, estructura y autoridad, se desenvuelven más eficazmente.

No confundamos el dejarlos crecer y desenvolverse como seres auto suficientes, con consentirlos, sobreprotegerlos o dejarlos hacer lo que les venga en gana.

Y aquí surge la gran paradoja: le ha preguntado a un auditorio con 800 papás si alguno conoce a un niño consentido en la más amplia extensión de la palabra, que sea bien recibido, aceptado y querido y que obvio, no sea de su familia… ¡Nadie levanta la mano! Lo ilógico es que a pesar de ello, sigamos teniendo la desfachatez de reconocer que mimamos en exceso y encima de eso hasta lo defendamos, ¿o sea que estamos de acuerdo en educarlos para que no sean bien recibidos, ni aceptados, ni queridos? Reflexiónenlo.

Instruir significa tener que prepararlos para la vida, marcarles la dirección de lo correcto y lo incorrecto y servir de guía y modelo para lo que se enfrenten. Dejarlos vivir las dificultades de la vida, enseñarles a resolverlas y a hacerse responsables de sus cosas es nuestra tarea permanente.

Hacerse de la vista gorda obstaculiza su evolución emocional, limita su maduración y los hace dependientes. Y mucho ojo, promover que atraviese obstáculos no quiere decir que aplaudamos todo lo que ejecuta. No nos confundamos.

En resumen

  • Poner límites es un profundo acto de amor
  • Los niños necesitan estructura, orden y reglas claras
  • Dejar pasar comportamientos indeseables generará conductas incorrectas
  • Asentir que experimente las consecuencias de sus actos promueve su independencia y autonomía
  • No hay que hacer lo que de acuerdo a su edad ya debería estar haciendo por sí mismo

Juan Pablo Arredondo es psicólogo y brinda atención a niños, adolescentes, parejas y familias. Es autor de los libros Límites y berrinches, Hablemos de sexo con los niños y Adolescencia: Cómo entender a tu hijo. Puedes consultarlo en bbmundo.com o al T. 5523 1010.

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