Jugar al aire libre es bueno para la salud de tus hijos ¡Comprobado!

Guadalupe Camacho · 4 febrero, 2020

Jugar al aire libre, llenarse de pasto y brincar sobre las hojas secas es lo de hoy para incrementar la salud de los más pequeños del hogar

Jugar al aire libre es indispensable para tus hijos, no sólo porque respiran aire fresco. Sino que también les permite reducir las alergias, controlar su peso corporal y mantenerse con una mente ocupada, más allá de las pantallas del celular, la televisión y los videojuegos portátiles. Esa es la premisa de la ecopedagogía, sigue leyendo para enterarte mejor.

7 beneficios para dejarlos jugar al aire libre

Tener a los hijos inmaculados, con la ropa extra limpia y sin un dejo de suciedad está fuera de toda lógica. “Los niños deben jugar al aire libre, hay que darles la libertar de tirarse al piso, resbalarse, ensuciarse y andar descalzos, con todo ello, les permitimos tener una conexión profunda con la naturaleza y consigo mismos”, explica la coach Valeria Lozano en su más reciente publicación bajo el sello de Grijalbo “Hábitos para niños”.

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¿Qué es la ecopedagogía?

Pisar el pasto, oler las flores, convivir con insectos y llenarse los rostros de sonrisas, conllevan un entendimiento entre los humanos y la naturaleza que los rodea. Por ello, la ecopedagogía busca fortalecer una educación naturalista. Es decir, que tiene en cuenta la naturaleza, la respeta y asimismo se vale de ella para vivir mejor, más sanos.

Cuando tu hijo sale a la naturaleza y juega dentro de ella, sus pulmones, piel, corazón y mente se fortalecen, puesto que convive con todo lo que le ofrece ese entorno. “El aire fresco, el polen, las fragancias naturales de las flores, los insectos e incluso las ardillas les brindan fortaleza física, pero también mental.

“No es lo mismo oler químicos de los perfumes, que los olores del campo. Además, los niños tienen una mente sin juicio, lo que les ayuda a relacionarse a través de sus sentidos con la naturaleza y, de esta manera, conocer el mundo al que pertenecen, sin miedos ni conflictos”, precisa la autora.

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Por ejemplo, son muchos los niños que no desean pisar el pasto, que tampoco se sienten cómodos saltando charcos. Pero se sabe que jugar al aire libre es ideal para tener una vejez sana.

Al respecto, la universidad de Aarhus, en Dinamarca, realizó una investigación para conocer la relación entre las alergias y la naturaleza. Durante 15 años, siguieron a más de mil 200 personas que trabajaban al aire libre y descubrieron que la diversidad de microbios y bacterias ayudan a los sistemas inmunológicos de las personas a desarrollar una tolerancia más adecuada contra los alérgenos.

Conoce los beneficios de jugar al aire libre

Saca a tus hijos a jugar a un parque o a un espacio lo más natural que tengas cerca de tu casa, no los dejes encerrados en cuatro paredes. Estos son algunos de los beneficios:

1. Desarrolla huesos más fuertes. El calcio y la vitamina D (que se construye con la exposición solar) son más efectivos durante el movimiento libre. Así que correr, saltar y echarse marometas son básicas.

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2. Reduces la obesidad. Jugar en espacios libres conlleva mejor movimiento y, con ello, más posibilidad de bajar de peso o mantenerlo.

3. Consolidas su visión. Las pantallas electrónicas pueden generar problemas de refracción en tus hijos (como miopía), en cambio, si juegan al aire libre mejoras su visión. Se sabe que los niños que juegan al aire libre tienen menor posibilidad de usar anteojos.

4. Son más amigables y menos gruñones. Los niños que descargan sus impulsos y emociones a campo abierto son más felices y no “parecen leones enjaulados en casa.”

5. Son más creativos. Tienden a dejar libre su imaginación, invención y creatividad para jugar con elementos naturales. Buscan cómo resolver sus juegos.

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6. Se les quita lo temeroso. Las fobias a los lugares amplios, a los pájaros, a las arañas, a los insectos, a los ruidos de la naturaleza no están presentes en los niños que juegan al aire libre. ¡Ellos se acostumbran a estar fuera de casa!

7. Son más comprensivos y solidarios. Convivir con la naturaleza les ayuda a ser empáticos con otros seres vivos.