¿Cómo funciona el enojo en los niños?

Nancy Steinberg · 10 julio, 2018

Enséñale a tu hijo a que el enojo no es negativo, mejor muéstrale cómo manejarlo para no dejarse controlar.

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Durante mucho tiempo se ha considerado que existen dos tipos de emociones: las positivas y las negativas. Las emociones positivas, como la alegría y el amor, son socialmente aceptadas y, desde muy pequeños, enseñamos a los niños a expresarlas abierta y frecuentemente. Lo contrario sucede con las emociones negativas, como el enojo, el coraje y la tristeza, que son rechazadas por la sociedad y enseñamos a los niños a reprimirlas y “controlarlas” desde edades muy tempranas.

 

Enséñale a controlar su enojo con estas técnicas

 

Una de las emociones negativas que más dolores de cabeza provocan en muchas familias es el enojo, la emoción que experimentas cuando sientes que alguien te ha ofendido, que te han hecho un mal, te han ignorado o rechazado, es decir, cuando te sientes amenazado; pero también es la emoción que experimentas cuando te sientes frustrado o cuando sufres una pérdida.

Todos experimentamos enojo en algún momento de nuestra vida; se trata de una emoción primaria y natural, que incluso puede salvarte la vida! Entonces, yo me pregunto: ¿cuál es el problema? 

El problema no radica en sentir enojo, sino en dejarse dominar por él. Muchas personas, y los niños en particular, tienen dificultad para canalizar su enojo en conductas aceptables. Con frecuencia, el enojo sale en forma de agresividad, aunque se manifiesta de forma diferente de acuerdo a la edad de los niños.

 

Revisa: ¿Cómo reaccionar cuando mi hijo se enoja?

 

Algunas condiciones lo agravan:

 

  • No dormir bien una noche
  • Cuando están enfermos
  • Cuando están cansados
  • Cuando tienen hambre
  • Cuando hay visitas
  • La presencia de muchos adultos que toman decisiones
  • El aprendizaje (cuando el niño aprende que enojándose consigue lo que quiere, se enojará con más frecuencia)
  • La baja tolerancia a la frustración

 

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Por otro lado, como el enojo está considerado como una emoción negativa,  enseñamos a los niños a reprimir este sentimiento o a ignorarlo. Desgraciadamente, muchas veces esto sólo empeora las cosas, pues se ha encontrado que reprimir el enojo puede causar más enojo.

Entonces, ¿cómo podemos ayudar a los niños a manejarlo?

Aunque se trata de niños pequeños, existen estrategias que podemos enseñarles para el manejo apropiado del enojo. Veamos algunas ideas que pueden ser de utilidad.

  • Ayuda al niño a entender cuál es la causa de su enojo. A veces el simple hecho de acercarnos en una actitud de interés, sin criticar, le ayuda a sentirse entendido.
  • No señales únicamente lo que el niño no debe hacer; dile lo que sí debe hacer. Por ejemplo: en lugar de decir “no le pegues a tu hermano,” podrías decir “los problemas no se resuelven pegando; trata de encontrar otra forma de resolver el problema con tu hermano.”
  • A veces puede parecer importante encontrar el equilibrio, es decir, la cantidad de enojo que es aceptable. Y ¿cuál es esa cantidad?, un buen indicador es poder reconocer que “estoy enojado”, lo que es muy diferente a sentir que “soy mi enojo” o que “el enojo se apodera de mí”. Poder reconocer esta diferencia me permite saber que “yo soy más grande que mi enojo y puedo controlarlo.”
  • Los adultos tenemos que reconocer que el enojo es una emoción “normal”, para poder ayudar al niño a comprenderlo. Cuando tu niño manifiesta enojo, toma tiempo para explicarle que estar enojado es aceptable, pero que debe encontrar formas adecuadas de manifestar estos sentimientos.
  • Por supuesto moldear la conducta es una de las herramientas más importantes de que disponen los padres. Para que puedas pedir a un niño pequeño que exprese su enojo adecuadamente, comienza por revisar si tú lo haces y, de no ser así, puedes comenzar por modificar tu propia conducta.
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  • Valida el sentimiento de tu hijo. Minimizar el sentimiento o intentar negarlo sólo empeora la situación. Palabras como “entiendo que estás muy enojado” validan el sentimiento.
  • Reconoce la diferencia entre “reaccionar” y “responder”. Aunque pudiera parecer que estamos hablando de lo mismo, la diferencia entre ambas conductas es enorme. Cuando reaccionamos ante una situación, solemos hacerlo de manera impulsiva, sin pensar en las consecuencias y la reacción no hace nada por resolver la situación original; los niños pueden describirlo como “es como si algo se apodera de mi”. Responder ante una situación toma más tiempo, nos da más tiempo de pensar en nuestra respuesta; la respuesta toma en cuenta la situación, permite reconocer los sentimientos propios y ajenos y te permite buscar una solución positiva a la situación.
  • Reconoce la fuente del enojo, sus causas. Tómate el tiempo para sentarse a platicar con el niño; ayúdalo a identificar qué fue lo que lo hizo enojar. Evita las posturas de crítica: si quieres que el niño hable abiertamente, escucha su relato sin interrumpir, sin criticarlo. Una vez que reconoce el origen de su enojo, ayúdalo a encontrar posibles soluciones para la situación.

 

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  • Haz equipo. Si puedes transmitir al niño que tú estás de su lado, es más fácil que enfrente su enojo. En ocasiones los niños se sienten abrumados por la magnitud de su reacción y no pueden lidiar con ella solos; si te pones de su lado ya son dos contra uno: ustedes contra el enojo. Además, de esta manera, transmites al niño que el enojo es el problema y no él.
  • Como todas las cosas en la vida, el enojo siempre empieza pequeño. Y el mejor momento para detenerlo es cuando es pequeño. Tú puedes ayudar al niño a detectar cuando el enojo está empezando.
  • Ayúdalo a reconocer sus emociones y las de los demás. En muchas ocasiones los niños se meten en problemas porque no saben “leer” las reacciones de los demás; por ejemplo, el niño puede no darse cuenta que mamá está cansada o se está enojando y continuar con una conducta que es molesta. Si, por su parte, la mamá tampoco puede reconocer su propio enojo, tenemos un escenario perfecto para un conflicto entre ellos.

 

Apóyalo para conocer a su enojo. La mejor forma de vencer a tu enemigo es si lo conoces:

 

– ¿Que pasó justo antes de que estallara el enojo?

– ¿Cómo se sentía el niño?

– ¿Qué quiere o qué necesita?

– ¿Qué puede hacer para que la situación mejore?

 

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  • Anticipa las situaciones que lo generan. Por ejemplo: si sabes que el niño se vuelve más intolerante cuando tiene hambre o sueño, organiza sus actividades de tal forma que eviten ponerse en este tipo de situaciones.
  • Comenten cuando su respuesta es adecuada
  • Si el niño está fuera de control, puede ser recomendable designar un lugar tranquilo donde pueda estar solo mientras se tranquiliza. Intentar resolver algo en ese momento es una tarea inútil
  • Ayuda al niño a comprender que puede escoger cómo reaccionar cuando está enojado, a descubrir qué técnicas de autocontrol le sirven a él. Podrías decirle: “cuando yo estoy enojada, a mí me sirve…”

 

  • Respirar lentamente
  • Escuchar música
  • Escribir acerca de lo que siento
  • Irme a mi cuarto un rato sola
  • Jugar con mi perro
  • Dar una vuelta
  • Salir a correr
  • Platicar con una amiga

 

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E invitarlo a que pruebe alguna de estas estrategias

Finalmente me gustaría decirte que, si sientes que tú no puedes manejar la situación sola, pide ayuda. En la actualidad existen muchos enfoques psicoterapéuticos que te pueden apoyar para enfrentar esta situación con tu hijo.

La elección de un terapeuta depende de muchos factores, como la edad de tu hijo, el tipo de problema que presenta, tu forma de ser, si te sientes mejor con un terapeuta hombre o con una mujer, entre otros. Toma todo el tiempo que necesites para elegir un buen terapeuta y, sobre todo, confía en tus sentimientos: elige a alguien que te haga sentir apoyada y entendida, alguien en quien puedas confiar.

A final de cuentas, eso es lo mismo que quieres trasmitir a tu hijo cuando está enojado, ¿verdad? ¡Buena suerte!

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