Carta de una abuela a su hija: por qué soy así con tu hijo

Fernanda Macgregor · 17 diciembre, 2019

Para todas esas madres que pelean con las abuelas de sus hijos por cómo los educan, espero encuentren un poco de paz con la carta de una abuela a su hija.

Carta de una abuela a su hija: por qué soy así con tu hijo

Ser mamá es lo mejor que puede pasarnos a quienes estamos hechas para ser mamás; hoy más que nunca, estoy convencida que la maternidad no es para todas las mujeres y eso está muy bien. Sin embargo, quise escribir esta carta de una abuela a su hija para que nos entiendan, ahora que ellas están en nuestro lugar y nos dejan a cargo de sus hijos, aunque no les guste cómo los educamos

Carta de una abuela a su hija…

El caminito de estudiar, tener un novio formal, casarse y tener hijos, es eso: un mero caminito social, que nos hemos inventado para cumplir con normas que regulen la comunidad. Sin embargo, cuando nos hemos convertido en madres y pasan los años, creo que uno de los grandes premios por no morir en el intento, son los nietos.

Nadie mejor que nosotras, las abuelas, sabemos que a veces ser mamá es agotador. Que dormir una noche completa de jalón, sin ninguna preocupación en la mente, es un lujo que no nos podemos dar. Porque ya lo pasamos contigo y con tus hermanos, así que consentir a tu hijo, es parte de nuestra recompensa.

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Ya te educamos, ya pasamos por tu adolescencia y te prohibimos montones de cosas que te parecieron absurdas y te pusieron furiosa; sin embargo, te aseguro que hoy te parece que no estuvimos fuera de lugar. Ahora, con tu hijo es distinto, nuestro trabajo no es prohibirle y en cierto grado es realmente ser un tanto irracionales.

Si te saca de quicio que no eduquemos a tu hijo y nos de igual darle el dulce antes de comer… respira. No es por molestarte. Créeme, él sabe que las reglas contigo son distintas. Si en ocasiones es al contrario y piensas que los comentarios sobre su educación están fuera de lugar… respira.

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Quizá creemos tener la verdad porque ya pasamos por ahí y no es fácil ver cómo los hijos deciden caminos distintos a los que nosotros tomamos. El ego es reticente a soltar y se requiere de mucho trabajo personal para lograrlo. Deja que pase y dínoslo o escríbelo. A mí me funciona escribir lo que me cuesta trabajo hablar, algo que heredé de mi abuela paterna; por eso escribí la carta de una abuela a su hija.

No queremos a tu hijo más que tú, obviamente. Una de las cosas que nos hace derretirnos por él, es precisamente el que seas su mamá. Tenemos la oportunidad de no tener la responsabilidad que tienes y el tiempo que pasamos con él es para disfrutarlo y, por supuesto, para que nuestra relación con el sea de cómplices.

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Tenemos tiempo para escuchar lo que tiene que decir. No corremos para respetar horarios. Cada cosa que hace nos parece maravillosa y a pesar de que nos equivoquemos o así te parezca, tener a los abuelos cerca, es sinónimo de aliados en la educación. Queremos lo mejor para él y aunque a veces nos sobrepasemos, no queremos que sea malcriado.

Si tienes discrepancias, es momento de  darle peso a lo que te parece realmente importante. Uno de los mejores consejos de vida que me han dado en cuanto a las relaciones humanas es: No quemes cenizas en el infierno; lo que quiere decir, que no pelees batallas que no valen la pena, ni te enojes por cosas sin importancia. Deja pasar lo que no es trascendente para que, cuando haya algo que de verdad valga la pena poner sobre la mesa, se le de la atención que merece.

Desde que eres mamá, te has dado cuenta que tu lugar en el mundo cambió; ahora piensas primero en tus hijos que en ti, y gran parte de tu vida la vives alrededor de ellos. Pues nosotras también somos mamás y eso justo fue lo que nos pasó cuando naciste y cuando nuestro nieto o nietos nacieron. Igual que tú queremos lo mejor para ellos, no lo dudes. Aprovecha nuestra experiencia porque, créeme… vale la pena.