¿Qué hago con los hijos de mi pareja?

Xóchitl González · 8 junio, 2018

Si criar a un hijo que ha estado conmigo desde que nació es complicado, ¿cómo puedo participar en la educación de un niño que no lleva mi sangre?

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Muchos cuentos y más prejuicios han influido para que nos formemos una idea negativa sobre las madrastras y los padrastros, que no es del todo cierta. Hablando específicamente de los padrastros, puedo decir que he tenido la fortuna de conocer a muchos que son todo lo contrario a lo que dice el estereotipo: papás sensibles, comprometidos y realmente amorosos con sus hijos, aunque no haya una relación de sangre entre ellos. Y es justo a ellos a quienes quiero dirigirme esta vez (o a quienes aspiren serlo), porque el hecho de estar en la mejor disposición de asumir una paternidad activa con sus hijastros, no significa que sepan cómo hacerlo.

 

¿Cómo trato a los hijos de mi pareja?

 

El rechazo inicial

 

El primer gran desafío que enfrenta un padrastro es ganarse la aceptación del hijo o los hijos en cuestión. Desde que se hace presente para ocupar la posición que antes perteneció al papá biológico, lo más probable es que sea visto como una especie de intruso por el niño, no solo porque llega a reemplazar a la figura paterna, sino porque es claro que está acaparando la atención de su mamá, y esto es algo que él percibe como una amenaza y le genera ansiedad.

Como adulto, es muy importante que seas consciente de esta situación por la que estará atravesando el hijo de tu pareja, y trates de ser empático, ya que no la va a estar pasando bien. Tú y su mamá deben tomar en cuenta que esto va a afectar su conducta, por lo que deben ser especialmente comprensivos y un poco más tolerantes.

 

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Intenta ir reduciendo poco a poco esa ansiedad ganándote su confianza. Déjale claro que siempre vas a respetar el lugar que él quiera darle en su corazón a su papá biológico, y que no estás ahí para competir con él por su madre. Dependiendo de su edad y madurez puedes optar por hablar con él sobre esto, aunque lo más importante es que se lo demuestres con tus acciones.

 

¿Debo regañar a los hijos de mi pareja?

 

Uno de los puntos más delicados y que más inquietudes genera en estos casos es el rol que debe jugar el padrastro al momento de disciplinar. Muchos piensan que por no ser el papá biológico de un niño no deben llamarle la atención ni poner límites a su conducta, ya que no les corresponde. Esto es absolutamente falso. Los niños necesitan límites, no solo para moldear su conducta, sino para contar con una estructura que les dé seguridad, y estos límites deben ser establecidos por diferentes figuras de autoridad. En primer lugar están los padres, por supuesto, pero no son los únicos. En distintos momentos y situaciones, resulta también muy importante que ejerzan esta función los maestros, los tíos, los abuelos y tú, como padrastro, definitivamente no puedes quedarte al margen; menos, considerando que has llegado a formar parte de su familia nuclear y que conviven día con día.

Ahora bien, si en todas las parejas es fundamental que ambos adultos se pongan de acuerdo respecto a los criterios que van a utilizar en la educación de los hijos, hay que decir que en estos casos esta condición se vuelve aún más importante. La razón es simple: los hijos de tu pareja ya están acostumbrados a un estilo de crianza que podría ser diferente al tuyo.

 

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Dense el tiempo para conversar detenidamente sobre cómo van a educar a los hijos, entendiendo que tu participación en este sentido es tan importante como la de tu pareja. Así como debes aprender a ser un papá comprensivo y amoroso, también debes aprender a ser un papá firme de este nuevo hijo según requieran las circunstancias.

 

Tus hijos, mis hijos

 

Hasta el momento solo me he enfocado en darte recomendaciones para llevar las cosas de la mejor manera posible con el hijo o los hijos de tu pareja, sin embargo, también es importante hacer algunas consideraciones, en caso de que tengas tus propios hijos de sangre.

Independientemente de que planees llevártelos, o no, a vivir contigo y con tu nueva pareja, las consideraciones que debes tener con ellos son similares a las que te comenté anteriormente, en relación con los hijos de tu pareja. Toma en cuenta que también ellos podrían sentirse incómodos, incluso estar molestos, con quien, desde su perspectiva, ha llegado a sustituir a su mamá y acaparar la atención de su papá. Para colmo, resulta que ella tiene sus propios hijos, por quienes también podrían sentir celos.

 

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Como verás, se trata de una situación compleja, en la que resulta fácil herir susceptibilidades sin querer. ¿Qué pueden hacer al respecto?

  • En principio, es muy importante que tú y tu pareja estén conscientes de ello y pongan el debido cuidado para reducir el impacto
  • Sí, es trillado, pero no por ello menos cierto: traten de crear un ambiente de confianza y de mantener siempre la mejor comunicación posible entre todos
  • Definan claramente qué se vale y qué no se vale. Dediquen a esta actividad el tiempo que sea necesario para que queden las menos dudas y vacíos posibles
  • Comuníquenlo claramente y asegúrense de aplicar siempre los mismos criterios con cada uno
  • Reserven momentos y espacios idóneos para conversar con cada uno de sus hijos de manera individual. Háganles sentir que siempre están y estarán ahí para lo que necesiten

Haz lo posible por establecer y mantener una buena relación con el papá biológico de tu hijastro. Lo mejor es entender que ahora todos son equipo y, aunque no vivan juntos, sí educaran juntos, así que sería conveniente mantener una buena comunicación para poder estar atentos a las necesidades del niño.

Por último, recuerda que cada niño debe vivir su propio proceso. Respétalo y evita tratar de acelerarlo o atrasarlo. Que tú y tu pareja estén listos para formar un nuevo sistema familiar, no significa que los niños lo estén. Dale el tiempo y el espacio necesario para adaptarse y para expresarse y, si no sabes cómo hacerlo, busca ayuda profesional para que les ayude a establecer las nuevas reglas. A veces la mezcla de tantas emociones dificulta ver las cosas con claridad.

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